Dejar de fumar puede convertirse en un desafío mucho más complejo que simplemente tomar la decisión de no encender otro cigarrillo. El tabaquismo es una enfermedad crónica vinculada con la adicción a la nicotina y con la exposición permanente a más de 7.000 sustancias, muchas de ellas tóxicas y cancerígenas. Por eso, aunque existen distintas estrategias para abandonar el consumo, las recaídas son frecuentes.
Parche, chicles de nicotina, medicamentos, acompañamiento psicológico e incluso aplicaciones para el celular forman parte de las herramientas que muchas personas prueban para dejar el cigarrillo. Sin embargo, cuando después de algunos días reaparece el impulso (por ejemplo, durante el café o al salir del trabajo) suele aparecer también la conocida frase “me faltó voluntad”. La medicina, sin embargo, plantea que el problema es bastante más complejo.
“Dejar de fumar no depende únicamente de la voluntad. La dependencia nicotínica es un trastorno crónico y recurrente en el que participan mecanismos de recompensa, aprendizaje, abstinencia, respuesta frente a estímulos ambientales y control de los impulsos”, explicó el neurólogo Alejandro Andersson (M.N. 65.836), director médico del Instituto de Neurología Buenos Aires (INBA).
En otras palabras, fumar deja huellas en distintos circuitos cerebrales al mismo tiempo, como aquellos relacionados con el placer y la recompensa, los que aprenden y automatizan determinadas rutinas, los que generan malestar cuando falta nicotina y aquellos encargados de controlar los impulsos. Esa combinación ayuda a entender por qué una persona puede querer dejar de fumar y, aun así, volver a hacerlo.
Una de las herramientas que comenzó a estudiarse para intervenir sobre esas redes es la estimulación magnética transcraneal repetitiva (TMS). El procedimiento utiliza una bobina colocada sobre el cuero cabelludo para generar campos magnéticos que cambian rápidamente. Estos campos atraviesan el cráneo e inducen corrientes eléctricas mínimas en el tejido cerebral, modificando la actividad de determinadas redes neuronales, sin necesidad de cirugía ni anestesia.
El paciente permanece despierto y sentado durante el procedimiento. Las molestias más habituales pueden ser sensibilidad en la zona de aplicación o dolor de cabeza. Andersson remarcó, además, que no debe confundirse esta técnica con la llamada magnetoterapia ni con los productos que utilizan imanes estáticos para supuestos beneficios sobre el dolor o el bienestar, indicaciones para las que no existe evidencia clínica sólida y reproducible en la mayoría de los casos.
Qué autorizó la FDA
La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) autorizó hace seis años un dispositivo específico (el BrainsWay Deep TMS System con bobina H4/HADD) como ayuda para el cese del tabaquismo a corto plazo en adultos. Esto no significa que la FDA haya autorizado cualquier dispositivo de TMS para dejar de fumar.
El protocolo estudiado contempla 18 sesiones: 15 de lunes a viernes durante tres semanas y otras tres, una por semana. El ensayo pivotal incluyó a 262 fumadores crónicos y fue publicado en la revista World Psychiatry. En el análisis de eficacia por intención de tratar, que incluyó a 234 participantes, la abstinencia continua fue del 19,4% entre quienes recibieron estimulación activa frente al 8,7% con estimulación simulada. Entre quienes completaron el tratamiento, las cifras fueron del 28% y el 11,7%, respectivamente.
Estos resultados, sin embargo, requieren ser interpretados con cautela. La diferencia entre los participantes incluidos en el análisis general y quienes completaron el tratamiento muestra que los resultados pueden variar según el grupo observado. Además, estudios posteriores no siempre reprodujeron los mismos hallazgos. Por eso, aunque la TMS aparece como una alternativa prometedora, la evidencia todavía es heterogénea y no permite considerarla una cura para el tabaquismo.
Un complemento y no un reemplazo
La búsqueda de nuevas herramientas se explica también por la enorme carga que representa el consumo de tabaco. La Organización Mundial de la Salud estima que el tabaco provoca más de siete millones de muertes cada año en el mundo, mientras que en la Argentina el Ministerio de Salud atribuye al tabaquismo alrededor de 45.000 muertes anuales.
En este contexto, los especialistas recomiendan evitar la idea de que la estimulación magnética puede resolver por sí sola la dependencia. El tratamiento puede incluir acompañamiento conductual, terapia de reemplazo de nicotina y medicamentos como vareniclina o bupropión, según la situación particular de cada paciente.
“Hay que mirar caso por caso: qué equipo, qué bobina, qué protocolo, la historia del paciente y los tratamientos ya intentados”, señaló Andersson. La TMS, explicó, no reemplaza la decisión del paciente ni el abordaje integral del tabaquismo, sino que puede convertirse en una herramienta adicional para personas seleccionadas y dentro de un tratamiento supervisado por profesionales especializados.
Fuente: Agencia NA.