Las semanas de exámenes finales suelen convertirse en uno de los momentos más exigentes para estudiantes de todos los niveles. La presión por rendir bien, la acumulación de contenidos y la incertidumbre sobre los resultados generan altos niveles de estrés académico, una problemática que impacta tanto en el bienestar emocional como en la capacidad de concentración y aprendizaje.

Dormir poco, sentir cansancio constante, experimentar ansiedad antes de una evaluación o incluso quedarse “en blanco” frente a un examen son situaciones frecuentes durante estos períodos. Según especialistas en salud mental y neurociencias, el cerebro sometido a una presión sostenida necesita pausas, descanso y una correcta organización para funcionar de manera adecuada.

Desde el centro especializado en salud cerebral MyBrain explican que muchas veces existe la idea equivocada de que estudiar más horas garantiza mejores resultados. Sin embargo, advierten que el exceso de exigencia puede provocar agotamiento mental y reducir el rendimiento cognitivo. “El cerebro necesita descanso, organización y regulación emocional para consolidar los aprendizajes”, señalan los expertos.

Entre las principales señales de alerta del estrés académico aparecen la dificultad para concentrarse durante largos períodos, el agotamiento mental constante, los problemas para dormir, la irritabilidad, los cambios frecuentes de humor y la sensación de bloqueo frente a las tareas académicas. También es habitual que los estudiantes necesiten dedicar cada vez más tiempo al estudio para obtener los mismos resultados.

Los especialistas remarcan que las familias y los entornos cercanos cumplen un rol fundamental para detectar estos cambios a tiempo. Alteraciones en los hábitos de sueño, pérdida de motivación, frustración excesiva o cambios bruscos en el estado de ánimo pueden ser indicadores de que el estudiante está atravesando un nivel de estrés que requiere atención y acompañamiento.

Frente a este escenario, recomiendan incorporar hábitos que ayuden a reducir la presión académica. Dormir entre siete y nueve horas por noche favorece la memoria y el aprendizaje, mientras que planificar el estudio en objetivos realistas permite disminuir la sensación de saturación. También aconsejan realizar pausas breves durante las jornadas de estudio para mejorar la atención y la recuperación mental.

Otro aspecto clave es limitar las distracciones digitales, especialmente el uso constante del celular y las redes sociales durante las horas de estudio. Además, sostener espacios de ocio, actividad física y momentos de descanso emocional ayuda a gestionar mejor la ansiedad y evita que el estrés termine afectando de manera significativa tanto la salud mental como el desempeño académico.

Fuente: EFE.