Las infecciones asociadas a la atención sanitaria continúan siendo un problema relevante para los sistemas de salud, al impactar tanto en la seguridad de los pacientes como en la calidad de la atención. Se trata de enfermedades que las personas adquieren durante su paso por hospitales o centros de salud, muchas veces prevenibles mediante medidas básicas.

De acuerdo con un estudio reciente publicado en 2026, estas infecciones son responsables del 3,2 % de las muertes que se producen en hospitales, lo que equivale a 6.774 fallecimientos anuales. Además, afectan al 7,5 % de los pacientes hospitalizados, una cifra que da cuenta de su magnitud en términos de salud pública.

En este escenario, la higiene de manos se consolida como una de las herramientas más eficaces y accesibles para reducir la transmisión de microorganismos, incluidos aquellos resistentes a los tratamientos. La evidencia científica sostiene que una correcta aplicación de esta práctica puede disminuir significativamente la propagación de infecciones dentro de los establecimientos sanitarios.

En línea con estas recomendaciones, las autoridades sanitarias impulsan estrategias que buscan reforzar la responsabilidad tanto individual como colectiva del personal de salud. Bajo el lema “Antes del contacto y después también”, se apunta a incorporar este hábito en cada instancia del cuidado, como una acción simple pero decisiva para salvar vidas.

Fuente: SINC.