La leucemia linfocítica crónica (LLC) es el tipo de leucemia más común en adultos. Se trata de un cáncer de la sangre que se origina en los linfocitos, un tipo de glóbulo blanco fundamental para el sistema inmunológico. Su evolución suele ser lenta, lo que le da su carácter de enfermedad “crónica”, muchas veces con largos períodos sin síntomas evidentes.
En los últimos años, el panorama para quienes conviven con esta enfermedad cambió de manera significativa. Según especialistas, el desarrollo de terapias innovadoras permitió mejorar los resultados y abrir nuevas posibilidades de tratamiento, alejándose de los esquemas tradicionales basados en quimioterapia.
Estos avances son uno de los temas centrales del 6º Congreso del Grupo Latinoamericano de Leucemia Linfocítica Crónica, que se realiza en Mendoza y reúne a expertos de la región e investigadores internacionales para debatir los últimos descubrimientos y estrategias terapéuticas.
“Estamos frente a un cambio de paradigma: la quimioterapia está dejando de ser el tratamiento estándar para dar lugar a terapias dirigidas”, explicó la doctora M. Silvana Cugliari, jefa de hematología del Instituto de Oncología Ángel H. Roffo (UBA). Estas terapias pueden utilizarse solas o combinadas, incluso con inmunoterapia, logrando altos niveles de eficacia.
En la misma línea, el doctor Miguel A. Pavlovsky, de FUNDALEU, destacó que las nuevas combinaciones actúan de forma sinérgica y cuentan con evidencia sólida que respalda sus beneficios. “Esto cambia la forma en que abordamos la enfermedad y nos permite ofrecer opciones más efectivas a los pacientes”, señaló.
Otro aspecto clave es el rol de la investigación científica. La doctora Romina Gamberale, investigadora del CONICET, remarcó que comprender cómo funcionan las células cancerosas y su interacción con el entorno permite desarrollar tratamientos más precisos. Además, subrayó la importancia del trabajo conjunto entre investigadores y médicos para trasladar rápidamente los avances del laboratorio a la práctica clínica.
Hoy, uno de los grandes desafíos es definir qué tratamiento es más adecuado para cada paciente. La tendencia apunta hacia terapias personalizadas, con combinaciones de fármacos que no solo son eficaces, sino también mejor toleradas, permitiendo a las personas mantener su vida cotidiana.
En este contexto, también se destacan los tratamientos de duración limitada. A diferencia de otros abordajes que requieren medicación continua, algunas de estas nuevas terapias se administran por períodos definidos (de uno a dos años) y luego se suspenden, manteniendo en muchos casos el control de la enfermedad con seguimiento médico. Esto representa un avance importante no solo en términos clínicos, sino también en la calidad de vida de los pacientes.
Fuente: Agencia NA.