Una herida, por pequeña que parezca, puede esconder un problema de salud que va más allá de la lesión visible. Las alteraciones de la circulación, la diabetes, las infecciones y la desnutrición son algunos de los factores que pueden dificultar la cicatrización y aumentar el riesgo de complicaciones.
Existen distintos tipos de heridas, como las lesiones por presión, las úlceras en las extremidades inferiores, las heridas quirúrgicas y las lesiones traumáticas. Cada una tiene causas y necesidades específicas, por lo que su abordaje requiere identificar el origen y, en muchos casos, la intervención coordinada de distintos profesionales de la salud.
Además del tratamiento local, es importante evaluar el estado general de la persona. La inmovilidad, los edemas, las complicaciones posteriores a una cirugía y algunas enfermedades no diagnosticadas también pueden estar detrás de una lesión que no evoluciona favorablemente. Cuando una herida presenta dificultades para cicatrizar o empeora, es fundamental consultar para identificar las causas y definir el tratamiento adecuado.
La humedad también cumple un papel en el proceso de cicatrización. Para favorecer la recuperación, es necesario mantener un equilibrio, ya que tanto la sequedad como el exceso de humedad pueden perjudicar la piel. Por eso, el uso de apósitos y materiales específicos debe adaptarse a las características de cada lesión y a la evaluación de los profesionales.
El pie diabético, una de las complicaciones más graves
Entre las heridas que requieren especial atención se encuentra el pie diabético, una complicación asociada a la diabetes que puede provocar úlceras, infecciones y, en los casos más graves, amputaciones. Los niveles elevados de glucosa en sangre pueden dañar los nervios y los vasos sanguíneos, lo que reduce la sensibilidad y dificulta la circulación en los pies.
Como consecuencia, una persona puede sufrir una lesión sin advertirlo y tener mayores dificultades para que cicatrice. Las úlceras suelen aparecer en la planta del pie o en zonas sometidas a presión, y pueden agravarse si no se detectan y tratan a tiempo.
Los datos difundidos por especialistas en heridas advierten sobre la gravedad de esta complicación. Según informes internacionales, el 49,1% de las personas con una úlcera por pie diabético muere en los cinco años siguientes y el 65,8 % de las amputaciones de pierna o pie se realiza en personas con diabetes. Estas cifras refuerzan la importancia de la prevención y del seguimiento de quienes viven con esta enfermedad.
Prevención y atención integral
Para reducir las complicaciones, es importante revisar los pies con frecuencia, prestar atención a cortes, ampollas, cambios de color o lesiones que no cicatrizan y consultar ante cualquier alteración, especialmente en personas con diabetes o pérdida de sensibilidad. El control de la glucosa y el seguimiento médico también forman parte de la prevención.
A nivel sanitario, mejorar la atención de las personas con heridas requiere garantizar el acceso al tratamiento, fortalecer la prevención y la formación de los equipos de salud, y promover un abordaje integral y multidisciplinario. La detección temprana y la consulta oportuna pueden ser determinantes para evitar que una lesión aparentemente menor se convierta en un problema de mayor gravedad.
Fuente: EFE.