La expectativa de vida aumentó de manera sostenida en las últimas décadas y, con ella, surgió un nuevo desafío para los sistemas de salud y para la sociedad. Ya no se trata únicamente de sumar años, sino de lograr que esos años sean saludables, activos y con calidad de vida. A este enfoque se lo conoce como "nueva longevidad", una mirada que propone repensar cómo se envejece y cómo se acompaña esa etapa.
Según el médico argentino Diego Bernardini, uno de los principales divulgadores del concepto, la nueva longevidad implica que las personas mayores continúen siendo protagonistas de la sociedad, con derechos, proyectos y participación activa. La edad, sostiene, no debería ser un motivo de exclusión ni de pérdida de dignidad, sino una etapa más del ciclo vital que merece ser vivida plenamente.
Los especialistas coinciden en que la actitud es uno de los pilares para atravesar esta etapa de la mejor manera. Sin embargo, aclaran que el bienestar no depende solo de tener una mirada positiva. También requiere incorporar hábitos saludables como realizar actividad física con regularidad, mantener una alimentación equilibrada, estimular la mente y, especialmente, conservar vínculos sociales significativos.
En ese sentido, la evidencia muestra que el aislamiento social puede afectar tanto la salud física como la mental. Contar con amigos, familiares o personas con quienes compartir experiencias, emociones y actividades favorece el bienestar y ayuda a preservar la autonomía durante el envejecimiento. Además, encontrar nuevos proyectos o propósitos personales también se considera un factor clave para darle sentido a esta etapa de la vida.
Los expertos advierten, además, sobre el riesgo de "romantizar" la longevidad. Aunque muchas personas llegan a edades avanzadas en buenas condiciones de salud, otras enfrentan enfermedades crónicas, dependencia o situaciones de vulnerabilidad económica y social. Por eso, remarcan que no existe una única forma de envejecer y que las políticas públicas deben contemplar esa diversidad.
Otro aspecto central es reducir las desigualdades que influyen en la salud. Factores como el barrio donde se vive, el acceso a espacios verdes, la atención médica, el nivel socioeconómico o las oportunidades de participación social pueden impactar directamente en la esperanza y la calidad de vida. A esto se suma la necesidad de fortalecer los vínculos entre generaciones y prestar especial atención a las mujeres mayores, que representan la mayoría de la población de edad más avanzada y, en muchos casos, atraviesan situaciones de mayor vulnerabilidad.
La Organización Mundial de la Salud estima que actualmente viven más de 1.000 millones de personas mayores de 60 años en el mundo y que, para 2050, este grupo representará alrededor del 22% de la población mundial. Frente a este escenario, el concepto de nueva longevidad propone cambiar el foco: dejar de pensar únicamente en cuánto vivimos y comenzar a preguntarnos cómo queremos vivir esos años, promoviendo un envejecimiento saludable, activo e inclusivo.
Fuente: EFE.