La alimentación no tiene el mismo efecto en todas las personas. Mientras algunas responden de determinada manera a ciertos nutrientes, otras pueden presentar diferencias en el metabolismo, la tolerancia a ciertos alimentos o la predisposición a desarrollar problemas metabólicos. En ese escenario, la nutrigenética busca comprender cómo interactúan los genes con la alimentación para orientar recomendaciones más ajustadas a cada organismo.
En Rosario, BritGen, la Unidad de Medicina Genómica del Sanatorio Británico, incorpora esta herramienta a un abordaje que combina evaluación clínica, estudios genéticos e interpretación profesional. La médica Gisela García (Mat. 24669), máster en Nutrición Genómica y de Precisión e integrante de su equipo, explicó a Rosario3 que la nutrigenética forma parte de la medicina de precisión, ya que permite sumar información sobre la biología individual para tomar decisiones con mayor criterio.
La predisposición genética vs. el diagnóstico médico
A través del análisis de determinadas variantes del ADN, los estudios pueden aportar información sobre la predisposición a problemas como la diabetes, la resistencia a la insulina, la obesidad o las alteraciones de los lípidos en sangre. También pueden orientar aspectos más cotidianos, como la tolerancia a la lactosa o la manera en que una persona metaboliza la cafeína. El objetivo es utilizar esos datos para ajustar hábitos y priorizar medidas preventivas, sin recurrir a restricciones alimentarias innecesarias.
Sin embargo, hay una diferencia fundamental entre identificar una predisposición y diagnosticar una enfermedad. “Un hallazgo genético describe un terreno: mayor o menor susceptibilidad a ciertos problemas metabólicos, a una intolerancia o a una respuesta particular frente a nutrientes, ejercicio o hábitos”, señaló la Dra. García. Por eso, un resultado no confirma que una persona tenga o vaya a desarrollar una determinada patología, ni reemplaza los análisis clínicos y otros estudios necesarios para establecer un diagnóstico.
La consulta nutrigenética
Según detalló la especialista, el proceso comienza con una evaluación clínica en la que se consideran los antecedentes, los síntomas, los objetivos y el contexto de cada paciente. A partir de esa información se define qué estudio puede resultar adecuado y se explican sus alcances y limitaciones. La muestra suele obtenerse mediante saliva y, de acuerdo con el procedimiento informado por BritGen, el preinforme está disponible en aproximadamente 45 días.
La interpretación de los resultados es una parte central del proceso. Aunque el informe puede estar redactado en términos accesibles, la información genética necesita relacionarse con la historia clínica, los síntomas, los antecedentes familiares y los resultados de laboratorio. “No se entrega como un listado de alimentos permitidos o prohibidos”, aclaró la experta. La intención es traducir los hallazgos en recomendaciones concretas y sostenibles, con un seguimiento que puede continuar junto al equipo médico o nutricional de la persona.
Hay un panel amplio, que mira predisposiciones en varios terrenos: cómo tiende a responder la persona a las grasas y a ciertos patrones de comida, la tolerancia a los lácteos o a la cafeína, qué micronutrientes conviene controlar con más atención y qué tipo de ejercicio se ajusta mejor. Y hay paneles más específicos para preguntas puntuales.
La herramienta puede ser especialmente útil cuando existe una pregunta clínica concreta, por ejemplo, antecedentes familiares de diabetes o dislipemia, dificultad para bajar de peso pese a sostener cambios de hábitos, molestias digestivas reiteradas o migrañas que parecen relacionarse con determinados alimentos.
En algunos casos, los paneles específicos pueden aportar información sobre la capacidad de degradar la histamina, que debe interpretarse junto con los síntomas y la evaluación profesional. Ninguno de estos resultados justifica por sí solo eliminar alimentos de la dieta.
En ese sentido, García destacó que la nutrigenética no busca que los genes determinen qué debe comer cada persona, sino incorporar información adicional para tomar mejores decisiones. Su utilidad depende de que los resultados se integren a un abordaje clínico y nutricional más amplio. Conocer las predisposiciones individuales puede ayudar a orientar la prevención y personalizar algunas recomendaciones, pero no sustituye una alimentación equilibrada, la actividad física, los controles de salud ni el acompañamiento de profesionales.
*Dra. Gisela García - Mat. 24669. Médica Máster en Nutrición Genómica y de Precisión. Miembro del staff profesional de BritGen, Unidad de Medicina Genómica del Sanatorio Británico.
Más información en el sitio web oficial britgen.com.ar. Turnos vía WhatsApp de BritGen: +54 9 3416 91 0057.