La obesidad infantil se caracteriza por la acumulación excesiva de grasa corporal y se diferencia del sobrepeso, el cual indica un peso mayor al recomendado para la estatura. En ambos casos, se trata de situaciones que superan los valores considerados saludables y que pueden traer consecuencias físicas y emocionales si no se abordan a tiempo.
Detectar el sobrepeso u obesidad en la infancia no siempre es sencillo, ya que los niños crecen a diferentes ritmos. Por ese motivo, los especialistas recomiendan que sea un profesional de la salud quien evalúe el peso y la estatura del niño para determinar si se encuentran dentro de los parámetros saludables según su edad y desarrollo.
El diagnóstico
Uno de los métodos más utilizados para el diagnóstico es el índice de masa corporal (IMC o BMI, por sus siglas en inglés), una estimación de la grasa corporal que relaciona el peso con la estatura. En adultos, el IMC se mide con valores fijos, mientras que en niños y adolescentes se expresa en percentiles que tienen en cuenta la edad y el sexo. Se considera sobrepeso cuando el IMC se ubica entre los percentiles 85 y 95, y obesidad cuando alcanza o supera el percentil 95.
Si bien el IMC es una herramienta útil, no es perfecta. No mide la grasa corporal de forma directa y puede arrojar resultados poco precisos en algunos casos, como en niños con mayor masa muscular. Por eso, los profesionales de la salud suelen complementarlo con otros indicadores y, de ser necesario, con mediciones como la circunferencia de la cintura o estudios más específicos.
Tratamiento
Cuando se recomienda iniciar un plan para bajar de peso, el acompañamiento familiar resulta clave. Involucrar a todos los integrantes del hogar evita que el niño se sienta señalado y facilita la incorporación de hábitos saludables de manera sostenida. El foco no está en la restricción, sino en mejorar la calidad de la alimentación diaria.
Entre las recomendaciones más habituales se encuentran:
-Aumentar el consumo de frutas y verduras.
-Reducir las gaseosas y las meriendas altas en calorías y grasas.
-Asegurar un desayuno diario.
-Evitar el uso de la comida como premio o castigo.
-Limitar el consumo de comida ultraprocesada y fomentar comidas caseras.
La actividad física también cumple un rol fundamental. Los niños necesitan al menos 60 minutos diarios de movimiento, que pueden dividirse en distintos momentos del día. Juegos, deportes, caminatas o andar en bicicleta son opciones accesibles que contribuyen no solo al control del peso, sino también al bienestar emocional y al desarrollo integral. El acompañamiento profesional junto a la red conformada con la familia, harán que el pronóstico se vuelva más prometedor para quien se encuentre padeciendo esta situación.
Fuente: Medlineplus.