Los ataques suelen asociarse a situaciones negativas o amenazantes. Sin embargo, en el ámbito de la salud también existen manifestaciones con efectos beneficiosos. Entre ellas, el denominado “ataque de risa” se destaca por su impacto positivo en el organismo, especialmente a nivel cerebral y emocional.
En tal sentido, la neurocientífica española Elena Gallardo, profesora del Máster en Neurociencia y Educación de la Universidad Internacional de La Rioja (España), indica que la risa prolongada activa simultáneamente distintas áreas del cerebro. En este proceso intervienen los sistemas cognitivo, emocional y motor, lo que convierte a este fenómeno en una experiencia integral para el organismo.
Durante un episodio de risa, el cerebro evalúa el estímulo que la provoca y, a partir de la liberación de neurotransmisores como la dopamina, desencadena una respuesta física visible. Esta incluye movimientos faciales, gestuales y corporales, que acompañan la risa y contribuyen a una sensación general de bienestar. Según la especialista, se trata de “una actividad muy completa y saludable”, capaz de revitalizar al organismo.
A nivel químico, la risa también promueve la liberación de endorfinas, conocidas por su efecto analgésico natural, así como de oxitocina, vinculada a los lazos sociales y afectivos. Este conjunto de reacciones explica por qué la risa no solo genera placer individual, sino que además tiende a ser contagiosa y favorece la conexión con otras personas.
Antes de la risa intensa, las sonrisas cumplen un rol clave en este proceso. Su origen involucra áreas como la corteza prefrontal, encargada de interpretar el contexto, y la región temporo-occipital, que detecta incongruencias o elementos sorpresivos, muchas veces asociados al humor. Posteriormente, el sistema límbico interviene en la interpretación emocional, permitiendo distinguir aquello que resulta gracioso.
Este circuito cerebral activa el sistema de recompensa, reforzando la sensación de placer y satisfacción. De este modo, la risa no solo responde a un estímulo, sino que también se retroalimenta, aumentando sus efectos positivos sobre el estado de ánimo y la salud mental.
No obstante, desde el punto de vista evolutivo, el cerebro humano tiende a priorizar los estímulos negativos por sobre los positivos. En este sentido, cultivar el humor y la risa, incluso en contextos adversos, puede considerarse una estrategia de autocuidado. La capacidad de encontrar aspectos positivos o situaciones humorísticas en la vida cotidiana se asocia con un mayor bienestar emocional.
La ciencia explica que este carácter contagioso de la risa se debe, en parte, a la acción de las neuronas espejo, que inducen a imitar de forma inconsciente las conductas de otros. Así, tanto la risa como la sonrisa se consolidan como herramientas simples pero efectivas para promover la salud integral y fortalecer los vínculos sociales.
Fuente: EFE.