La pubertad es una etapa natural del desarrollo en la que el cuerpo comienza a experimentar los cambios que conducen a la madurez sexual. Sin embargo, cuando este proceso se inicia antes de lo esperado, puede tratarse de pubertad precoz, una condición que requiere evaluación médica especializada y que, en algunos casos, necesita tratamiento para frenar temporalmente su avance.
En términos generales, se considera necesario estudiar la aparición de signos de desarrollo puberal antes de los 8 años en las niñas y antes de los 9 años en los varones. Entre las manifestaciones que pueden requerir una consulta se encuentran el desarrollo mamario, la aparición de vello púbico o axilar, cambios en el olor corporal, el crecimiento acelerado y otros signos de maduración sexual.
Uno de los principales riesgos de la pubertad precoz es que el crecimiento inicial puede acelerarse, pero la maduración temprana de los huesos puede hacer que estos dejen de crecer antes de tiempo. Como consecuencia, algunos niños y niñas podrían alcanzar una estatura final inferior a la que habrían tenido si su desarrollo hubiera seguido el ritmo esperado.
Además de las consecuencias físicas, la situación puede tener un importante impacto emocional y social. Los cambios corporales a edades tempranas pueden generar angustia, vergüenza, confusión o dificultades para relacionarse con pares, especialmente cuando el cuerpo comienza a mostrar características propias de la adolescencia mientras el niño o la niña continúa atravesando su infancia.
En este contexto, en Argentina, la red de familias de niños y niñas con pubertad precoz reclama la implementación de la Ley 27.732, que busca garantizar la prevención, el diagnóstico y el tratamiento integral de esta condición. Daniela, integrante de la red y madre de dos niñas que atravesaron tratamientos, advirtió sobre las consecuencias que pueden tener las demoras en el acceso a la medicación. “La demora nos mata porque el cuerpo de los chicos no espera”, sostuvo.
Según explicó, la interrupción o postergación de los tratamientos puede favorecer la maduración prematura de los huesos y afectar el crecimiento. Por eso, las familias también reclaman una mayor capacitación de los profesionales de la salud para favorecer la detección temprana y evitar que los diagnósticos lleguen cuando el proceso de desarrollo ya avanzó significativamente.
Los reclamos incluyen, además, dificultades en la provisión de medicamentos y en la cobertura por parte de algunos sistemas de salud. Las familias advierten que las diferencias entre obras sociales nacionales, sistemas provinciales, PAMI y otras coberturas especiales pueden generar obstáculos para acceder a tratamientos que, en determinados casos, son fundamentales para controlar la progresión de la pubertad precoz.
La iniciativa también plantea la necesidad de garantizar protocolos de atención, campañas de concientización y medidas para prevenir la discriminación de los pacientes. Para las familias, el objetivo es que ningún niño o niña vea interrumpido un tratamiento por cuestiones burocráticas o de cobertura. “La detección temprana es sagrada: es lo que les permite seguir siendo chicos y que su infancia no se corte de golpe”, resumió Daniela.
Fuente: Agencia NA.