Si alguna vez miraste un tutorial de maquillaje y sentiste que todos los productos parecían iguales, no sos la única. Base, contour, rubor/blush y highlighter suelen aparecer uno detrás del otro, pero cada uno tiene un objetivo específico y conocer sus diferencias puede hacer que el resultado final cambie por completo.
La base de maquillaje es el punto de partida. Su función es unificar el tono de la piel, disimular pequeñas imperfecciones y crear un lienzo parejo para el resto de los productos. Elegir el tono correcto es fundamental. En este aspecto, una base demasiado clara o demasiado oscura puede generar un efecto poco natural.
El contour, en cambio, no busca cubrir sino crear sombras. Se aplica en zonas estratégicas como debajo de los pómulos, los laterales de la nariz, la mandíbula o el nacimiento del cabello para aportar profundidad y dar la sensación de un rostro más definido. La clave está en difuminar muy bien para evitar líneas marcadas.
El rubor aporta color y un aspecto saludable al rostro. Generalmente se aplica sobre las mejillas y ayuda a devolver la frescura que a veces se pierde después de colocar la base. Dependiendo del tono elegido y de la forma de aplicarlo, también puede dar un efecto de rostro más juvenil o levantar visualmente las facciones.
El highlighter o iluminador hace exactamente lo contrario al contour: aporta luz. Se coloca en los puntos altos del rostro, como la parte superior de los pómulos, el puente de la nariz, el arco de Cupido y debajo del arco de las cejas. Su misión es resaltar esos sectores y dar un aspecto fresco y luminoso.
La tendencia actual apunta a acabados cada vez más livianos y naturales. Por eso, los expertos recomiendan aplicar poca cantidad de producto, trabajar bien los difuminados y recordar que no siempre es necesario usar los cuatro productos. Lo importante es entender la función de cada uno y elegir cuáles incorporar según el look que se quiera lograr.