Durante años, la ducha diaria fue casi una regla sagrada de la vida adulta. Pero aunque parezca sorprendente, los dermatólogos aseguran que bañarse demasiado puede ser tan problemático como hacerlo muy poco. La clave, explican, está en encontrar un punto medio que permita mantener la higiene sin castigar la piel.
Según especialistas en dermatología, la frecuencia ideal del baño depende de varios factores: cuánto se transpira, el tipo de piel, la edad, el clima e incluso el trabajo o la rutina de entrenamiento. Para la mayoría de los hombres adultos, una ducha diaria suele funcionar bien, aunque en algunos casos hacerlo día por medio puede resultar más beneficioso.
Con el paso de los años, además, la piel cambia. Los dermatólogos señalan que alrededor de los 40 o 50 años disminuye la producción natural de grasa y la hidratación, lo que hace que las duchas frecuentes empiecen a generar más sequedad e irritación. Las personas con piel sensible, eccema o problemas dermatológicos crónicos suelen notar todavía más ese efecto.
El exceso de duchas (especialmente si son largas y con agua muy caliente) puede dañar la barrera cutánea, esa capa natural que protege la piel y mantiene la hidratación. A eso se suma el uso de jabones agresivos o exfoliantes intensos, que terminan dejando la piel tirante, reseca y más vulnerable.
Pero del otro lado tampoco conviene relajarse demasiado. Pasar varios días sin bañarse favorece la acumulación de sudor, bacterias y grasa, algo que puede derivar en olor corporal, acné, irritaciones o incluso infecciones por hongos en zonas como axilas o ingles. Por eso, los especialistas insisten en que no existe una frecuencia universal, sino que todo depende de las necesidades de cada cuerpo.
El ejercicio físico también juega un papel importante. Si hubo sudor intenso, los dermatólogos recomiendan al menos un enjuague rápido después de entrenar, sobre todo en zonas como pecho, espalda, axilas y pies. No siempre hace falta una ducha completa, pero sí retirar la transpiración para evitar irritaciones o brotes de acné corporal.
En cuanto al eterno debate entre bañarse a la mañana o a la noche, ambas opciones tienen ventajas. Las duchas matutinas ayudan a despertarse y eliminar la grasa acumulada durante el sueño, mientras que las nocturnas permiten acostarse con la piel limpia después de todo el día. Desde el punto de vista higiénico, los especialistas consideran que el baño nocturno tiene una pequeña ventaja.
Más allá de la frecuencia, los dermatólogos coinciden en que los hábitos dentro y fuera de la ducha hacen la verdadera diferencia. Recomiendan usar agua tibia, baños cortos y productos suaves, preferentemente sin demasiada fragancia y con ingredientes hidratantes como ceramidas, glicerina o ácido hialurónico. Y hay un consejo que repiten especialmente para quienes odian las cremas corporales, que es el de aplicar hidratante apenas salís de la ducha, cuando la piel todavía está húmeda, ya que puede cambiar por completo la salud y el aspecto de la piel.
Fuente: GQ.