El flequillo está otra vez en boca de todos. Después de varias temporadas dominadas por cortes más simples y prolijos, este clásico regresa con fuerza impulsado por celebridades, tendencias en redes sociales y un aire noventoso que sigue marcando la agenda beauty. Sin embargo, no todos están listos para dar el paso.
Para algunos, el flequillo es sinónimo de cambio, frescura y personalidad. Puede suavizar facciones, resaltar la mirada y darle un giro total al look sin necesidad de un corte drástico. Versiones como el “curtain bangs” o el flequillo desmechado se adaptan a distintos tipos de rostro y estilos, lo que lo vuelve una opción tentadora.
Pero del otro lado están quienes lo piensan dos veces (o más) antes de pasar por la tijera. El mantenimiento, el frizz en días húmedos y el crecimiento (a veces incómodo) son algunas de las razones que generan dudas. A eso se suma una experiencia bastante común, la del flequillo impulsivo que después cuesta meses dejar atrás.
También influye el ritmo de vida. No es lo mismo elegir este estilo si se cuenta con tiempo para peinarlo a diario que si se busca practicidad total. En ese sentido, muchos estilistas coinciden en que la clave está en adaptar el flequillo al tipo de cabello y a la rutina personal, más que seguir una tendencia al pie de la letra.
Al final, la decisión sigue siendo profundamente personal. El flequillo vuelve, sí, pero no como una regla universal, sino como una invitación a experimentar.