Entregas a domicilio, asistentes digitales y soluciones instantáneas, son algunas de las características cotidianas que hacen que la vida actual sea un poco "más fácil". En medio de esta era, surge una corriente que apuesta por el camino contrario. Se trata del "friction maxxing", una tendencia que está resonando entre jóvenes y profesionales por igual y propone intencionalmente elegir opciones más difíciles o menos cómodas para fortalecer la resiliencia, el carácter y la satisfacción personal.
Friction maxxing
Lejos de ser una moda pasajera o un simple slogan motivacional, friction maxxing parte de la simple idea de que, como muchas de las herramientas tecnológicas actuales eliminaron esfuerzo de las vidas, se perdió algo tan esencial como el valor del proceso, el aprendizaje que nace del desafío. Según expertos, esto implica dejar de evitar las dificultades e incluso buscarlas como parte del crecimiento personal y profesional.
Así, practicar friction maxxing puede significar cosas tan cotidianas como leer un libro completo en lugar de un resumen, tomar notas a mano en una reunión, cocinar una receta tradicional en vez de pedir comida por una app o ir al gimnasio aunque se esté cansado. El punto no es retrasar o complicar todo de manera arbitraria, sino aceptar que "la incomodidad puede enseñarnos más que la facilidad absoluta".
Para quienes lo defienden, esta filosofía ayuda a construir herramientas internas como constancia, control emocional y adaptabilidad, todas claves para perseguir metas a largo plazo. Cambiar la actitud hacia la incomodidad y no rendirse ante los primeros obstáculos, fortalece la propia capacidad de sobreponerse a dificultades más grandes en el futuro.
Críticos y entusiastas coinciden en que friction maxxing no se trata de rechazar la tecnología o la conveniencia per se, sino de equilibrarlas con experiencias que conecten más profundamente con las propias habilidades y metas. En un mundo donde la eficiencia es rey, apostar por lo difícil puede parecer raro, pero, para muchos, también es transformador.
Fuente: GQ.