El otoño se instala con una paleta cromática que refleja un cambio de época, con menos estridencia y más intención. En sintonía con una moda masculina cada vez más consciente, los colores apuntan a la versatilidad y a la construcción de estilo propio, combinando bases sobrias con toques de audacia.

En primer lugar, los tonos neutros se consolidan como protagonistas. El blanco roto, los cremas y los marrones (desde el beige hasta el chocolate) dominan los looks por su capacidad de transmitir calma y sofisticación. Esta tendencia se alinea con el auge del “lujo silencioso”, donde menos es más y el foco está en la calidad antes que en lo llamativo.

los tonos neutros se consolidan como protagonistas (davidjones.com)

A la par, los colores inspirados en la naturaleza ganan terreno. Verdes en todas sus variantes (desde oliva hasta más vibrantes) y azules profundos, como el petróleo o el azul oscuro con matices rojizos, aportan elegancia sin rigidez. Son tonos que funcionan tanto en outfits formales como en propuestas más relajadas, lo que los vuelve ideales para el día a día.

Los colores inspirados en la naturaleza ganan terreno (hypebeast.com)

Pero no todo es sobriedad, ya que los acentos intensos aparecen para romper la monotonía. Borgoña, violeta, naranja y hasta algunos tonos cítricos o rosados se incorporan como detalles o prendas clave, sumando carácter a los conjuntos. Estos colores, más expresivos, reflejan una apertura en la moda masculina hacia nuevas formas de identidad y estilo. Así, y adaptando la moda a cada estilo, el abanico de posibilidades se vuelve cada vez mayor en esta época de transición hacia los días más fríos del año.

Una apertura en la moda masculina hacia nuevas formas de identidad y estilo (aeworld.com)