Bernard Arnault, presidente del grupo LVMH y uno de los empresarios más influyentes del mundo, sostiene que el verdadero secreto del éxito no está en encontrar una idea revolucionaria, sino en llevarla adelante. A lo largo de su carrera, el magnate francés construyó un imperio que reúne firmas de lujo como Dior, Sephora, TAG Heuer y Givenchy, y en varias oportunidades llegó a ocupar el primer puesto entre las personas más ricas del planeta.

Para Arnault, las ideas representan apenas el 20% del camino, mientras que el 80% restante corresponde a la ejecución (magnific.com).

En distintas entrevistas, Arnault explicó que sigue una sencilla regla. En este aspecto, sostuvo que las ideas representan apenas el 20% del camino, mientras que el 80% restante corresponde a la ejecución. Para él, la persistencia marca la diferencia entre un proyecto que queda en el papel y otro que logra convertirse en un verdadero éxito.

Como ejemplo, el empresario suele mencionar el caso de Facebook. Según su análisis, la red social no triunfó únicamente por su concepto, ya que existían propuestas similares, sino porque supo desarrollar la idea, mejorarla con el tiempo y adaptarse a los cambios. Esa capacidad de ejecutar, ajustar y evolucionar fue, a su entender, la clave de su crecimiento.

Según su análisis, Facebook no triunfó únicamente por su concepto, ya que existían propuestas similares (microsoft.com).

La filosofía de Arnault también pone el foco en la resiliencia. Para el empresario, equivocarse forma parte del proceso y lo importante es aprender de cada error, mantener la paciencia y seguir avanzando incluso cuando aparecen obstáculos. La creatividad, agrega, también es fundamental porque permite encontrar nuevas soluciones y detectar oportunidades de crecimiento.

Más allá del mundo de los negocios, el creador del mayor conglomerado de lujo del planeta cree que este método puede aplicarse a cualquier objetivo personal o profesional. Emprender, conseguir un ascenso o alcanzar una meta deportiva requiere, según su visión, menos tiempo imaginando el plan perfecto y mucho más dedicación para convertir las ideas en acciones concretas.

Fuente: GQ.