El cuello es, probablemente, una de las zonas más olvidadas del skincare. Mientras el rostro recibe suero, crema y protector solar, la piel que vive justo debajo suele quedar fuera del radar. Lejos de “delatar la edad”, como suele creerse, lo cierto es que el cuello y su piel tienen características propias, como ser más fina, delicada y con menos capacidad de retener hidratación.
El cuidado de la piel del cuello
Incorporarlo a la rutina no implica sumar diez pasos nuevos. De hecho, muchas de las claves son las mismas que se usan en la cara, como limpieza suave, hidratación diaria y protección solar. Sí, el protector también va en el cuello (y en el escote), incluso en días nublados o cuando solo se sale un rato. Pensarlo como una extensión natural del rostro cambia por completo la forma en la que se lo cuida.
Otro gran aliado son los masajes. No hace falta convertir el baño en un spa profesional, solo unos minutos al día, con movimientos suaves y ascendentes, ayudan a estimular la circulación y a que los productos se absorban mejor. Rodillos, gua sha o simplemente las manos funcionan igual de bien si se usan con delicadeza y sin presión excesiva.
En cuanto a productos, existen cremas y tratamientos específicos para el cuello formulados para hidratar, mejorar la textura y acompañar la elasticidad natural de la piel. No prometen milagros ni transformaciones extremas, pero sí algo mucho más realista: una piel más confortable, luminosa y cuidada con el paso del tiempo.