No todos tienen la suerte de vivir un partido del Mundial desde el sillón de casa, rodeados de amigos y con una picada lista. Hay quienes hacen un recreo justo a tiempo para ver a la Selección y, apenas termina el encuentro, vuelven a atender pacientes, responder llamados o seguir con la jornada laboral.
Una buena idea es transformar el espacio de trabajo con pequeños detalles. Una camiseta de Argentina sobre la silla, una bandera en el escritorio, un mate con los colores celeste y blanco o incluso una playlist con canciones de cancha durante los momentos libres ayudan a que el clima mundialista no desaparezca apenas termina el partido.
Si el tiempo no alcanza para los análisis eternos con amigos, la tecnología da una mano. Los grupos de WhatsApp suelen seguir activos durante horas con memes, jugadas polémicas y cargadas. Entre paciente y paciente, o en una pausa para el café, alcanza con cinco minutos para sentir que uno sigue compartiendo la experiencia.
También es un buen momento para darse un pequeño gusto. Pedir un café especial, comprar unas facturas para la tarde o llevar un snack favorito puede convertirse en una especie de "tercer tiempo" después del partido. Porque, si no hay sobremesa futbolera, al menos que haya un mimo para sobrellevar la vuelta al trabajo.
Y si la jornada termina tarde, todavía queda el último ritual de llegar a casa y revivir los mejores momentos. Los resúmenes, las entrevistas y las reacciones en redes permiten volver a emocionarse, esta vez sin el reloj corriendo. Porque el Mundial dura 90 o 120 minutos, pero la felicidad (o el sufrimiento) de ver jugar a Argentina suele acompañarnos durante todo el día.