El estrés forma parte de la vida y, en dosis moderadas, incluso puede resultar beneficioso porque nos impulsa a actuar, resolver problemas y afrontar desafíos. Sin embargo, cuando se vuelve constante o crónico, puede afectar la memoria, acelerar el envejecimiento y aumentar el riesgo de diversos problemas de salud. La buena noticia es que la ciencia identificó una serie de hábitos simples que ayudan a mantenerlo bajo control:
-Aplicar la técnica S.T.O.P.: Cuando aparece una situación estresante, los especialistas recomiendan detenerse unos segundos, respirar profundamente, observar qué está ocurriendo y luego continuar con una perspectiva más clara. Este método ayuda a frenar las reacciones impulsivas y recuperar el control emocional.
-Practicar afirmaciones positivas: Hablarse con amabilidad y reconocer las propias emociones puede mejorar el estado de ánimo, fortalecer la confianza y aumentar la motivación. Lejos de ignorar los sentimientos difíciles, las afirmaciones ayudan a aceptarlos y gestionarlos de una manera más saludable.
-Fortalecer los vínculos sociales: Compartir tiempo con amigos, familiares o compañeros de trabajo no solo mejora el bienestar emocional, sino que también ayuda a combatir el estrés. Las interacciones positivas favorecen la liberación de oxitocina, una hormona relacionada con la sensación de conexión y apoyo.
-Hacer pausas para moverse más: Permanecer muchas horas sentado puede aumentar la sensación de agotamiento mental. Por eso, se recomienda incorporar pequeños momentos de movimiento durante el día, ya sea caminando, estirándose o realizando actividades que mantengan el cuerpo activo de forma placentera.
-Aprender a redireccionar el enojo: El estrés y la ira suelen ir de la mano. En lugar de reprimir el enojo o dejarse dominar por él, los expertos sugieren canalizar esa energía hacia actividades productivas, como el ejercicio, proyectos creativos o metas personales que permitan transformarla en algo positivo.
-Tomar distancia del teléfono cuando sea necesario: El uso excesivo de redes sociales y dispositivos puede aumentar la sensación de saturación mental. Limitar el tiempo frente a las pantallas, especialmente durante las horas de descanso o concentración, ayuda a reducir distracciones y disminuir el estrés cotidiano.
-Priorizar el descanso nocturno: Dormir entre siete y nueve horas por noche es una de las herramientas más efectivas para manejar el estrés. Mantener horarios regulares, cuidar el ambiente de descanso y evitar interrupciones favorece la recuperación física y mental, además de mejorar el rendimiento diario.
-Convertir estos hábitos en una rutina: Aunque cada estrategia aporta beneficios por separado, los especialistas destacan que los mejores resultados aparecen cuando se incorporan de manera constante. Pequeñas acciones repetidas todos los días pueden convertirse en una poderosa barrera frente al estrés y contribuir a una vida más equilibrada y saludable.
Fuente: GQ.