Kansas City (enviada especial de Rosario3). El sábado por la madrugada, las luces del aeropuerto de Kansas City nos recibieron con ese frío artificial tan típico de las terminales norteamericanas. Atrás quedaba la mística ruidosa de México; por delante, el verdadero desafío de este Mundial 2026: sobrevivir a la geografía de los Estados Unidos.

Un torneo que en los papeles promete unir fronteras, pero que en la práctica somete a hinchas y periodistas a una atomización absoluta. Seguirlos es un deporte de élite que requiere tres condiciones innegociables: tiempo, plata y predisposición.

La Scaloneta ya está acá, campeona del mundo y dueña de una expectativa descomunal. El búnker elegido es el moderno Origin Hotel, ubicado en el área norte de Kansas, pegado al río. Pero en este país, "estar cerca" es una trampa retórica.

Este sábado por la mañana nos tocó estrenar la rutina de entrenamientos viajando hacia el Compass Minerals National Performance Center, el complejo de última generación donde practica el equipo de Lionel Scaloni. El predio es un lujo de canchas perfectas y tecnología de punta, pero para llegar desde el hotel de los jugadores hay que calcular cada movimiento: son 20 minutos clavados de auto por autopistas rápidas... si dispones de un vehículo.

 The Ashton on the Plaza, en el centro de Kansas.
. The Ashton on the Plaza, en el centro de Kansas. 

Si pretendés usar el transporte público de la ciudad, ese mismo trayecto se convierte en un calvario de casi una hora combinando plataformas y trenes, algo inviable para el ritmo que exige la cobertura minuto a minuto.

La realidad que golpea al bajarse del avión es que Kansas City, como la gran mayoría de las sedes estadounidenses, está diseñada para los autos y no para los peatones. Las caminatas entre las paradas de colectivos y los predios son eternas, bajo un sol que empieza a rajar la tierra.

Acá no existe el "voy caminando a ver si engancho la práctica". No hay transporte eficiente que conecte los puntos clave del Mundial. Las agencias de traslado y las aplicaciones de viaje funcionan al límite de su capacidad, con tarifas dinámicas que se disparan. Para moverte de manera profesional, la única opción real es alquilar un vehículo o entregarse a un presupuesto infinito en taxis.

 El centro de Kansas.
. El centro de Kansas. 

Para el hincha argentino, que ya hizo un esfuerzo sobrehumano sacando pasajes y entradas en dólares, este "impuesto a la distancia" es un hachazo al bolsillo. Un imprevisto logístico que nadie te cuenta en los folletos oficiales de la FIFA.

A las complicaciones geográficas se suman las burocráticas. En las últimas horas, los grupos de WhatsApp de hinchas se inundaron de historias frustrantes: argentinos varados en diferentes escalas, vuelos demorados y controles migratorios exhaustivos en los ingresos a Estados Unidos. Las exigencias de las visas, las preguntas de rigor y las demoras en las aduanas transformaron el viaje en un embudo donde llegar a tiempo ya es un triunfo en sí mismo.

Aun así, el color celeste y blanco empieza a salpicar tímidamente el norte de Kansas. El esfuerzo económico y físico es brutal, pero el imán de ver otra vez a la última campeona del mundo en la cancha es más fuerte que cualquier esquema de autopistas norteamericanas. Arrancó la seguidilla de días pegados a la selección. La logística es hostil, las distancias son enormes y los dólares vuelan, pero la ilusión —como siempre— viaja en primera clase.

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