La ilusión era desmedida. El mundo Central, en general, estaba convencido de que el equipo de Almirón podía ganar la Copa Libertadores. Por eso el impacto de este jueves por la noche en San Pablo fue muy fuerte. Central fue presa de su propia medianía frente a un equipo al que tranquilamente pudo eliminar y sucumbió después de cometer un error de concepto que le permitió a Corinthians ponerse en ventaja en una jugada de pelota parada. Copetti falló un gol increíble (la pelota le picó como si tuviera un conejo adentro) y jugó más de media hora con uno más. Pero esos son los detalles, la crónica de un partido perdido. A cualquiera le puede pasar.
Quizás el análisis que más pueda ayudar a la institución es justamente descubrir por qué el equipo no fue competitivo en los partidos que tuvo que serlo. Y si el material disponible era suficiente. Por donde se empiece el desmenuzamiento de la derrota, en cualquier caso, se concluirá que la ilusión era desmedida.
El problema no es que lo sienta su público, que siempre cree que su equipo puede más que los demás. Es la naturaleza del hincha. El inconveniente es que los encargados del club y sus principales protagonistas creyeron que era suficiente. Ellos eran los principales convencidos de que Central podía ganar la Copa Libertadores. Era el principal objetivo.
Una meta absolutamente lícita, pero, se insiste, desmesurada.
¿Corinthians tiene más que Central? No, tiene menos. Pero en la Copa Libertadores de local hay que ganar. Central no pudo y los brasileños sí.
¿No hubiera sido posible pasar a Estudiantes en caso de superar los octavos de final? Por supuesto que sí. Pero después, todo, aunque en el fútbol no se puede ser determinante, se hubiera hecho muy cuesta arriba.
Cualquiera podría decir que Platense es mucho menos que el equipo de Arroyito. Y tendría razón. Pero aunque no pudo ganar de local, se refugió en los penales para imponerse en Chile. Le tocó un rival, Coquimbo Unido, muy inferior a Corinthians.
Algunas veces la suerte, otras un juego virtuoso, o un temperamento a prueba de Copa Libertadores, pero siempre la necesidad de estar a la altura de las circunstancias dentro y fuera de la cancha.
La herida es muy reciente y duele. Deberán pasar unos días para que la angustia vaya bajando y todo el mundo Central vuelva a ilusionarse con una estrella cuando enfrente a Estudiantes por la Supercopa Internacional.
Hasta el ánimo de Angelito, que anoche coqueteó con la despedida tras la derrota, se volverá a templar para seguir dando batalla.
El golpazo fue tremendo y aunque la revancha llegará rápido, la eliminación en San Pablo dejará secuelas.
Quien haya creído que Central era candidato, se equivocó, pero sí es cierto que la despedida fue muy temprana. Y debe haber autocrítica.



