Corren los días de competencia en los Juegos Suramericanos en Rosario, Santa Fe y Rafaela y, mientras las tribunas vibran con cada deporte, hay una pasión aparte que se juega a metros de la pista: el intercambio de pines. Un ritual de amistad y olimpismo. En los stands oficiales de merchandising de los Juegos se venden a 4.500 pesos –los hay del logo oficial y varios de Capi, la mascota de los Odesur, haciendo las diversas disciplinas–, pero el verdadero atractivo está en el intercambio al mejor estilo figurita del Mundial. 

No importa el país, la disciplina ni el idioma. La escena se repite a la salida de cada estadio o en las zonas mixtas. Atletas de buzo y jogging colorido, voluntarios con sus acreditaciones al pecho y visitantes atentos que se buscan con la mirada antes de lanzar: “¿Che, tenés un pin para cambiar?”.

La fuente de esos codiciados pedacitos de metal son los propios atletas que los traen desde sus países para intercambiar con sus colegas a modo de camaradería deportiva. Pero el intercambio alcanzó a fanáticos, voluntarios, periodistas y ya a esta altura, a cualquier enterado de estas “figuritas”. Hay una fiebre de pines en los Odesur. 

Los pines de una atleta de Perú. Alan Monzón/Rosario3. 
Los pines de una atleta de Perú. Alan Monzón/Rosario3. 

Caminar esta semana por las zonas de acceso a los recintos deportivos es presenciar un mercado improvisado y espontáneo. Apenas los deportistas terminan de competir, o incluso ya en la previa, son interceptados con la ilusión del trueque. 

Ahí arranca la negociación. Hay quienes sacan de la cinta del cuello o de la mochila un pin de la delegación de Venezuela, Colombia o Brasil para "trocarlo" por uno argentino. Muchos atletas confiesan entre risas que les quedan muy pocos o que guardan los últimos para rivales directos

Aquí tengo solo seis de Paraguay pero en la Villa me quedan cerca de 10 más”, comentó una joven de ese país a Rosario3, mientras un colombiano sacaba una bolsa repleta para elegir a cambio de la bota santafesina con el fuego olímpico. 

El pin colombiano puede ser de los más lindos de los Juegos, combina un mate y un café junto con la imagen de Capi, la mascota oficial. Panamá con su flor grande y el logo de Santa Fe 2026 en el centro, no se queda atrás.

Colombia y Panamá, los pines más lindos del evento. Alan Monzón/Rosario3. 
Colombia y Panamá, los pines más lindos del evento. Alan Monzón/Rosario3. 

“Dame el tuyo de Brasil y te doy el mío, chileno”, se escuchaba en la tribuna de deportistas ubicada en el Picadero La Rural mientras se llevaba adelante el beach voley.

El fenómeno no es exclusivo de los Juegos Suramericanos. En el Mundial de Fútbol 2026 se vivió la misma efervescencia. En cada sede —ya sea Kansas, Atlanta o Dallas—, conseguir el pin distintivo de la ciudad o del estadio era una pequeña victoria y trofeo.

Así sucedió en los Juegos Olímpicos de la Juventud en 2018 en Buenos Aires, y de nuevo en Rosario en los Suramericanos de la Juventud en 2022. También en los Panamericanos Santiago 2023. 

Los pines son un símbolo. El recuerdo de la experiencia compartida, del buen deporte. 

Y como todo álbum de figuritas, están "las difíciles”. Aruba, Curazao, Surinam y Guyana son, hasta el momento, los pines más complicados de conseguir en esta edición.

¿Dónde se cuelgan y desde cuándo existe este ritual?

El intercambio de pines (pin trading) tiene origen en las primeras ediciones de los Juegos Olímpicos modernos a fines del siglo XIX, cuando comenzaron como simples sellos o identificadores de madera y tela que estaban destinados sólo a jueces y atletas. Con el paso de los años, las décadas y alguna que otra tecnología, se convirtieron en piezas metálicas de colección.

Fue en París 1924 en la que las insignias evolucionaron para ser ese objeto de intercambio. Comenzó siendo un pequeño gesto de amistad, pero con el paso del tiempo se convirtió en una tradición mundial del coleccionismo e intercambio.

Los pines se colocan en cualquier lugar. Alan Monzón/Rosario3. 
Los pines se colocan en cualquier lugar. Alan Monzón/Rosario3. 

Hoy, la costumbre exige exhibirlos en las cintas de las acreditaciones y éstas las llevan los atletas, periodistas, voluntarios y miembros de las organización del evento. Aún así, también los deportistas suelen personalizar sus bolsos oficiales o camperas con los pines de los países que se enfrentaron. Olimpismo puro.