Días atrás, Agustín Pichot y la Unión Argentina de Rugby (UAR) hicieron públicas sus intenciones de candidatar al país para ser sede del Mundial de Rugby en 2035. La propuesta no se limita solo a Argentina, sino que se extiende a Sudamérica e involucra a Uruguay, Chile, Brasil y Paraguay. La noticia corrió más rápido que la luz, potenciada por el hecho de que el Gobierno nacional ya firmó la carta de intención que se le entregó al CEO de World Rugby, el inglés Alan Gilpin.
En su comunicado oficial, la UAR detalló: “En el plano institucional, Gilpin asistió junto a directivos de la UAR a una visita protocolar en la Casa Rosada, donde se reunió con el equipo de Karina Milei, Secretaria General de la Presidencia y PromArgentina, la Agencia Argentina para la Promoción de Inversiones y el Comercio Internacional. En este encuentro, se ratificó el manifiesto interés de la Argentina de postularse como organizador de la Copa del Mundo de Rugby 2035. El respaldo del Estado Nacional representa un pilar fundamental para las garantías institucionales que exige un evento de esta escala global. La visita concluyó con el compromiso de continuar la labor conjunta con Sudamérica Rugby para potenciar el desarrollo en Brasil, Chile y Uruguay, y el compromiso de World Rugby para continuar trabajando de manera conjunta en el desarrollo del juego en todas sus facetas”.
Organizar un mundial de rugby es una “mini Vaca Muerta”
El anuncio fue una auténtica bomba anímica. Ser sede del tercer evento deportivo más grande del planeta es algo inmenso. Desde cualquier punto de vista, organizar este torneo le daría al rugby el empuje necesario para instalarse como el segundo deporte más importante del país detrás del fútbol, le otorgaría a la región una visibilidad inédita y escribiría un capítulo imborrable en la historia de este deporte.
Además, desde lo económico es una mina de oro. Las últimas tres ediciones arrojaron números estadísticos impresionantes que crecen año tras año. La cuenta es simple:
- El caso de Francia 2023: generó un impacto económico neto de 871 millones de euros, con un gasto total de los visitantes que alcanzó los 1.800 millones. El evento atrajo a unos 600.000 turistas internacionales que permanecieron un promedio de 10 días. Para el Estado francés fue un negocio redondo: la inversión pública de 70 millones de euros fue ampliamente superada por los ingresos fiscales generados, estimados en 84 millones de euros.
- El proyecto de Australia: por su parte, el gobierno australiano dispuso invertir unos 400 millones de dólares para organizar los Mundiales masculino (2027) y femenino (2029). Con la proyección de recibir 250 mil visitantes internacionales durante las seis semanas del torneo de varones, se estima que generará 1.300 millones de dólares australianos en gastos directos, sumado a lo que aporten otros 200 mil participantes para el torneo femenino.
Toda inversión que se realice desde el estamento público se recuperará con creces. Sin embargo, estamos ante un gobierno nacional que no suele invertir en este tipo de eventos, aunque esta vez dio el visto bueno. Habrá que esperar por la "cintura política" de la UAR para convencer a los libertarios de que organizar el mundial dentro de diez años será una excelente decisión para el país.
Sueños e ilusión vs. realidad
Es el sueño de muchos y la ilusión de muchísimos apasionados que aún no pudieron vivir una Copa del Mundo. Pero en esta parte del planeta se vive una realidad muy distinta a la del primer mundo. Son varios los puntos a tener en cuenta y que, sin caer en el pesimismo, describen una realidad ineludible. Argentina y Sudamérica conforman una región bellísima con mucho para ofrecer, pero aquí solo vamos a escanear el territorio nacional.
Cuando Pichot habla de estadios, hoy por hoy el único que está y estará a nivel internacional es el Monumental de River Plate. Otro que está listo es el Estadio Único Madre de Ciudades en Santiago del Estero. Al resto hay que hacerles inversiones millonarias en dólares para ponerlos a tono.
El Único de La Plata está muy venido a menos (muchos sienten nostalgia de aquellos años en los que era de vanguardia), aunque ahora la AFA se hizo cargo y se espera que recupere su esplendor.
Los demás estadios del interior —en ciudades como Mar del Plata, Mendoza, Córdoba y Rosario— están bien, pero en la misma situación: necesitan una fuerte inyección de dinero para subir de categoría.
Después está la conectividad entre Buenos Aires y el resto del país. Seamos sinceros: la frecuencia de vuelos y la calidad de las aerolíneas dejan mucho que desear. No existe el tren de pasajeros (el trayecto de Buenos Aires a Mendoza hoy tarda más que hace 40 años) y el sistema de ómnibus es malo. Al jugarse con varios días de descanso entre partido y partido, los fans viajan y hacen turismo porque en el primer mundo pueden tomarse un tren de alta velocidad y llegar a tiempo. Eso no existe ni en Argentina ni en sus países vecinos.
Un aspecto no menor es que en Argentina está prohibida por ley la venta de alcohol en eventos deportivos. Como parámetro, en Francia 2023, solo en el partido entre Sudáfrica e Irlanda se vendieron más de 130.000 pintas (unos 74.000 litros), marcando un récord absoluto para los Mundiales con un costo de 8 euros por unidad (y el reintegro de dos euros, si se devolvía el vaso plástico). Las ventas batieron récords en todos los estadios debido a la gran afluencia de público.
Por último, la economía argentina es siempre una caja de Pandora. Hoy la macroeconomía está estable, pero a la micro le faltan varios años para estabilizarse. Faltan diez años para el hipotético Mundial y ni Nostradamus podría aventurarse a dar una profecía sobre la economía albiceleste.
Para colmo, otorgar esta sede implicaría pasar tres ediciones consecutivas sin pisar suelo europeo (Australia 2027, Estados Unidos 2031 y Argentina 2035). Pichot expresó que seguramente se compita contra Europa, puntualmente contra España, que tiene toda la infraestructura para organizarlo —quizás en conjunto con otros países— aunque no cuente con tanta tradición ovalada. Seguramente España tendrá el visto bueno y el respaldo de potencias como Inglaterra y Francia, que son las que tienen la sartén por el mango en las decisiones importantes del rugby mundial.
Ya se levantó la mano, se hizo público el interés y ahora es tiempo de trabajar, organizar y sumar a todos. La jugada de ajedrez de Pichot y Sudamérica se hizo y no fue simplemente mover un peón blanco; fue un movimiento previo a un jaque al rey. Sin importar si el resultado final es positivo o negativo, la región va a tener un rédito: las manos vacías no van a quedar.
Arriba del barco tienen que estar todos. Y después, así como Scaloni tiene a Messi, la UAR y Sudamérica tienen a Agustín Pichot. La cintura y la habilidad política del ex medio scrum de Los Pumas —que deberá jugar incluso mejor que en aquel histórico 2007— serán claves para unir voluntades y lograr el visto bueno de World Rugby. No será nada fácil, pero es el momento de dar ese gran paso como deporte.



