cuentan en las primeras horas de la mañana, entre las tareas que esperan en el establecimiento, las decisiones productivas y una rutina que no entiende demasiado de pausas.
La de Agustín Bocco es una de ellas. Se crió en el campo, estudió agronomía, se incorporó de lleno a la empresa familiar y hoy participa tanto de las decisiones productivas como de los espacios donde se construye el futuro del cooperativismo agropecuario. Vive en el establecimiento y conoce de cerca lo que implica sostener una actividad que exige trabajo cotidiano, planificación y eficiencia.
Con una familia ligada históricamente a la producción lechera, Agustín forma parte de una estructura que reúne ocho tambos y alrededor de 1.100 vacas en ordeñe. A ese trabajo se suma su compromiso dirigencial: acaba de ser reelegido como presidente de la Juventud Agropecuaria de la Cooperativa Guillermo Lehmann, una responsabilidad que asumió después de varios años de participación.
Una vocación que viene de familia
La historia productiva de los Bocco tiene raíces profundas. La lechería llegó con los abuelos inmigrantes y, con el paso de los años, se consolidó como una de las actividades centrales de la empresa familiar. La agricultura también ganó espacio y hoy ambas producciones representan, aproximadamente, la mitad de la actividad.
“Soy hijo de productor, me dedico a la producción, estudié agronomía”, contó Agustín.
Su incorporación a tiempo completo a la empresa ocurrió hace cinco años, aunque el vínculo con el trabajo rural comenzó mucho antes. Se crió en el campo y hoy continúa allí, en contacto directo con una actividad que demanda tomar decisiones todos los días.
La empresa es compartida por su padre y su tío, junto con otros integrantes de la familia. En ese ámbito, asegura, el diálogo ocupa un lugar importante. Las nuevas generaciones pueden aportar ideas, discutir alternativas y proponer cambios, aunque las decisiones finales siguen estando en manos de quienes conducen la empresa.
Para los jóvenes que evalúan incorporarse al negocio familiar, Bocco tiene un consejo sencillo: no desesperarse.
Si la empresa está ordenada y funciona, explica, no siempre hace falta cambiarlo todo. En cambio, cuando hay cuestiones por mejorar, los cambios pueden generar tensiones. La clave está en entender el funcionamiento del establecimiento, aprender de la experiencia acumulada y encontrar el momento adecuado para introducir nuevas ideas.
Ocho tambos, distintas formas de producir
La escala de la empresa familiar es importante, aunque está distribuida en establecimientos relativamente pequeños. En total, los Bocco manejan ocho tambos y ordeñan unas 1.100 vacas, con un promedio cercano a las 140 vacas por establecimiento.
No todos trabajan de la misma manera. En uno de los tambos incorporaron tecnología de ordeño robotizado, una inversión que permitió aumentar la producción de leche sin modificar demasiado el sistema productivo.
“Sí, la verdad que bastante recomendable”, respondió Agustín al ser consultado sobre la experiencia con el robot, aunque aclaró que la tecnología no reemplaza el seguimiento y la atención que necesita el establecimiento.
Los otros tambos funcionan con sistemas convencionales de ordeño a fosa, con instalaciones de espina de pescado. Son alternativas más económicas de mantener y, aunque producen algo menos de leche, se adaptan a una estrategia basada en el control de los costos.
La alimentación ocupa un lugar central. Pasturas, silajes y granos producidos por la propia empresa forman parte de las dietas, una decisión que ayuda a reducir la dependencia de compras externas y a sostener la eficiencia.
En la visión de Bocco, el trabajo del tambero empieza mucho antes de que la leche llegue al tanque.
“Primero producimos pasto, primero producimos comida y después producimos leche. Si no producimos comida, no podés producir leche”, resumió.
Es una definición que muestra la estrecha relación entre la agricultura y la lechería. En un sistema de producción integrado, cosechar maíz o producir pasto no representa el final del proceso: es el primer paso para alimentar a los animales y transformar esos recursos en litros de leche.
La eficiencia, una condición para seguir adelante
Como ocurre en buena parte de la actividad, la rentabilidad depende de los costos, los precios y las características de cada establecimiento.
Agustín reconoce que el panorama lechero había sido mejor aproximadamente un año antes, cuando el precio de la leche acompañaba más favorablemente la recuperación del sector. Sin embargo, considera que la situación actual tampoco es necesariamente mala para todos los productores.
La diferencia está en cómo se produce.
Durante la entrevista, explicó que el costo de alimentación de sus sistemas se ubica en el equivalente a unos nueve a once litros de leche, mientras que la producción puede alcanzar los 24 litros por vaca. Esa relación es uno de los indicadores que utiliza para evaluar el funcionamiento del negocio, aunque no representa el costo total de producción.
“Los números cierran, pero hay que ser eficientes, no queda otra”, afirmó.
La frase resume una realidad conocida por los productores: sostener un tambo requiere mirar cada componente del sistema, desde la producción de forraje hasta la alimentación, la infraestructura, la reproducción y el manejo del rodeo.
En ese contexto, la tecnología puede ser una herramienta valiosa, pero no constituye una solución automática. El robot de ordeño es una alternativa que dio buenos resultados en uno de los establecimientos, mientras que los sistemas convencionales siguen teniendo su lugar cuando permiten alcanzar los objetivos productivos con costos de mantenimiento más bajos.
La decisión no pasa por incorporar tecnología porque sí, sino por encontrar el sistema que mejor se adapte a cada unidad productiva.
Del tambo al engorde: aprovechar cada parte del sistema
La estrategia familiar también contempla qué hacer con los machos Holando que nacen en los tambos. En lugar de venderlos como animales de invernada, optaron por recriarlos y engordarlos hasta alcanzar pesos elevados.
La experiencia con el engorde a corral cambió cuando el maíz se volvió más costoso y difícil de conseguir. Por eso, decidieron orientar el sistema hacia una alimentación basada en pasto y silo.
La semana anterior a la entrevista, habían vendido animales con un peso promedio de 630 kilos. El tiempo necesario para llegar a ese resultado varía según la disponibilidad de pasto y las condiciones de cada año, pero puede ubicarse entre los dos años y medio y los tres años y medio.
La estrategia busca agregar valor a animales cuya cotización como invernada suele ser menos favorable que la de las razas destinadas específicamente a la producción de carne.
Pero también deja una enseñanza sobre la actividad agropecuaria: las decisiones no pueden analizarse de manera aislada. El costo del maíz, la disponibilidad de forraje, el tiempo de engorde y el precio de venta influyen directamente en el resultado final.
El desafío de tomar la posta
Además de productor, Bocco es un joven dirigente que encontró en el cooperativismo un espacio para aprender, compartir experiencias y conocer otras realidades del sector.
Su participación en la Juventud Agropecuaria de la Cooperativa Guillermo Lehmann comenzó hace aproximadamente siete años, a partir del vínculo con otros productores y colegas de la zona.
Con el tiempo, se involucró cada vez más en las actividades del grupo hasta asumir la presidencia, cargo para el que fue reelegido tras la Asamblea General.
Para él, la importancia de la Juventud está en la posibilidad de encontrarse con otros jóvenes que enfrentan problemas similares, aunque trabajen en actividades y regiones diferentes.
La cooperativa abarca una zona amplia y diversa. Lo que sucede en Presidente Roca puede ser distinto de la realidad de otros puntos de su área de influencia. Compartir esas experiencias permite conocer otras formas de producir, intercambiar ideas y comprender mejor las necesidades de cada lugar.
La reelección representa, así, la continuidad de un compromiso que no se limita a ocupar un cargo. También supone acompañar a otros jóvenes, generar actividades y contribuir a que las nuevas generaciones encuentren un espacio dentro de las instituciones del agro.
Vivir en el campo y mirar hacia adelante
La historia de Agustín Bocco no es solamente la de un joven que trabaja en una empresa familiar de gran dimensión. También es la de alguien que intenta combinar la experiencia de quienes lo precedieron con las herramientas y las preguntas de una nueva generación.
Su recorrido muestra una convivencia entre tradición e innovación: una lechería que llegó con sus abuelos inmigrantes, sistemas de ordeño convencionales que siguen vigentes, tecnología robotizada en uno de los establecimientos y una agricultura que aporta el alimento necesario para sostener la producción.
En el medio están los números, los costos, las decisiones y la necesidad de mantener reglas de juego que permitan planificar en actividades cuyos resultados se construyen a lo largo de meses o años.
Bocco conoce esas exigencias porque vive en el campo y participa del trabajo cotidiano. Y desde su lugar como productor y dirigente, apuesta a seguir aprendiendo, mejorar los sistemas y compartir experiencias con otros jóvenes.
En una actividad que muchas veces se describe desde sus dificultades, su historia pone el foco en quienes deciden quedarse, trabajar y construir futuro desde el interior productivo.
Porque, para Agustín, la leche no empieza en el ordeño. Empieza en la tierra, en el pasto, en el maíz y en el trabajo de todos los días. Y también en una historia familiar que sigue sumando capítulos.

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