El aula ya no es la misma
Hace veinte años, la escena escolar era bastante previsible: el docente explicaba, los alumnos escuchaban y el contenido marcaba el ritmo. Hoy, esa lógica quedó corta.
Las aulas son más diversas, los saberes circulan por múltiples canales y los estudiantes llegan con realidades complejas. Enseñar ya no es solo explicar bien un tema: es sostener un espacio de aprendizaje posible.
Y eso exige mucho más que saber la materia.
Más funciones, mismas horas
Al rol pedagógico se le sumaron otras tareas:
- acompañamiento emocional,
- resolución de conflictos,
- detección de situaciones sociales complejas,
- vínculo con familias,
- adaptación permanente a nuevas demandas.
Todo eso sin que el tiempo, el salario ni el reconocimiento crezcan al mismo ritmo. El resultado es una sobrecarga silenciosa que muchos docentes naturalizan… hasta que el cuerpo dice basta.
Autoridad en revisión
La autoridad docente también cambió. Ya no se sostiene solo en el cargo o el saber, sino en la capacidad de construir vínculos y legitimidad cotidiana.
Esto no significa ausencia de límites, sino una autoridad menos vertical y más argumentada. El problema aparece cuando se confunde autoridad con permisividad, y el docente queda solo frente a situaciones que desbordan lo pedagógico.
Sin respaldo institucional, la autoridad se desgasta.
Tecnología: aliada y desafío
La incorporación de tecnologías transformó las prácticas, pero también las expectativas. Se espera que el docente innove, se capacite, se adapte y responda con rapidez.
La pandemia aceleró estos procesos, muchas veces sin formación suficiente ni recursos estables. La vocación sostuvo lo que el sistema no alcanzó a garantizar.
El mérito existe. El costo también.
Formarse todo el tiempo para no quedarse atrás
Hoy se le pide al docente que aprenda de manera continua. Nuevos enfoques, nuevas herramientas, nuevas problemáticas.
La formación permanente es necesaria, pero cuando se suma a jornadas extensas y múltiples cargos, se vuelve una exigencia difícil de sostener.
El aprendizaje docente no debería depender solo del esfuerzo individual.
Reconocer para cuidar
Hablar del cambio en el rol docente no es idealizar ni victimizar. Es reconocer que la escuela funciona porque hay docentes que ponen mucho más de lo que figura en su contrato.
Cuidar la educación implica cuidar a quienes enseñan. Con mejores condiciones, tiempos reales y reconocimiento social.



