Un reciente relevamiento del Centro de Estudios Sembrar encendió las alarmas en la ciudad de Santa Fe al detectar que los terrenos de los reservorios y las defensas costeras, liberados hace una década tras una millonaria inversión estatal, volvieron a ser ocupados de manera irregular. Según informó El Tres, se estima que alrededor de mil familias se asentaron en estas áreas vulnerables de las cuencas de los ríos Salado y Paraná, lo que genera una enorme preocupación ante la inminente llegada del fenómeno climático El Niño y las crecidas que traerá aparejadas.

El estudio comparó imágenes tomadas en 2019 con fotografías actuales y evidenció que años atrás se había logrado erradicar los asentamientos de las zonas donde la ciudad almacena el agua de lluvia para extraerla con bombas; hoy la realidad es drásticamente diferente. La falta de controles del Estado posibilitó que cientos de viviendas precarias volvieran a levantarse sobre el cauce natural del agua.

     

“Había quedado una sola familia viviendo dentro de los reservorios”, explicó desde Sembrar, Carlos Pereira en De 12 a 14. Sin embargo, el especialista advirtió que la situación actual es crítica: “Hoy vemos que todos esos reservorios han vuelto a ocuparse por familias en diversas zonas; en total, sobre el oeste, contamos más de 250, 300 familias”. A este número se le suman las radicaciones sobre la costa del río Paraná, en zonas como Colastiné, la ruta 168 y el barrio Alto Verde.

El desafío tras la crecida

Ante los pronósticos de fuertes precipitaciones, los especialistas advirtieron que los sectores más bajos de la ciudad sufrirán el embate del agua. “A través del relevamiento fotográfico, estimamos una cifra en torno a las mil familias que están sujetas a evacuación”, precisaron desde la organización civil encargada del mapeo, y agregaron que la casi totalidad de los evacuados provendrá de estos focos.

Más allá de la emergencia inmediata que requerirá el traslado de los afectados a refugios, vecinales y clubes, la principal incógnita radica en las medidas a largo plazo.

Las zonas afectadas, como el reservorio del barrio Barranquita Sur, carecen de cualquier tipo de infraestructura urbana segura para sus habitantes. “Si bien hoy está seco, porque venimos de sequía y no tiene agua, las napas están bajas; no deja de ser un barrial allá abajo”, detalló el entrevistado.

Además, remarcó que las personas instaladas allí pertenecen a sectores de “marginación absoluta” que viven en condiciones de suma precariedad, haciendo de estos predios “el peor lugar de la ciudad para vivir”. Con los plazos agotados para implementar un plan preventivo antes de que el nivel de los ríos comience a subir exponencialmente, el escenario plantea un enorme desafío logístico para el próximo año.