El fenómeno de El Niño ya empezó a jugar sus primeras cartas en el corto plazo. Tras la confirmación global del inicio del evento, el Servicio Meteorológico Nacional (SMN) bajó al llano las previsiones específicas para este invierno, el período clave donde la atmósfera comenzó su proceso de acople definitivo.

Para Rosario y la región del Litoral, las tendencias meteorológicas ya están marcadas en el mapa. La franja litoral y el norte del país se hamacarán durante este trimestre hacia condiciones "más húmedas" y "más cálidas" que el promedio histórico, mientras que el resto de la región central del territorio nacional acompañará con un escenario de mayor humedad generalizada.

La estadística invernal que mira la región

 

Aunque el fantasma de un evento extremo genera preocupación en los cascos urbanos y los sectores productivos de Santa Fe debido a la saturación previa de los suelos, los datos históricos del SMN para los meses de frío traen un marco de previsibilidad.

De acuerdo con el mapa histórico que difunde el SMN, la señal hídrica es contundente para esta zona: en 7 de cada 10 inviernos bajo la influencia de El Niño, la región húmeda registró precipitaciones por sobre la media normal. Sin embargo, no todos los eventos invernales se traducen automáticamente en desastres o colapsos.

Qué dice el historial de las últimas décadas

Para poner en perspectiva el comportamiento real del fenómeno, el SMN compartió una radiografía estadística y desde 1981 hasta el presente —cuyo último antecedente invernal bajo estas condiciones fue en 2023—, El Niño se activó diez veces durante la temporada de invierno en el país.

De ese total histórico, solo cuatro oportunidades alcanzaron la categoría de eventos "intensos" o "fuertes" (los registros de 1982, 1991, 1997 y 2015), mientras que los seis restantes se distribuyeron en intensidades moderadas o directamente débiles.

Finalmente, la información del organismo oficial termina de configurar el rompecabezas de lo que puede esperarse para las próximas semanas: bajo este forzante oceanográfico, seis inviernos resultaron más lluviosos de lo normal, cinco se presentaron más cálidos y cuatro fueron más fríos a nivel general, confirmando que la variabilidad local siempre juega su propio partido.