Lizy Tagliani usó su historia personal para repudiar el ataque que sufrió un grupo de mujeres trans en los bosques de Palermo. La humorista, relató lo que vivió ella en primera persona y reclamó justicia. 

“Vivir es un derecho, cada uno vive como puede, quiere o lo dejan”, escribió la conductora en su cuenta de Instagram, en un mensaje que se viralizó rápidamente y movilizó a miles de seguidores. “Allá por el 86 sabía escapar de las piedras y los golpes, aprendí a anular los gritos e insultos... sabía en qué galería de Adrogué meterme para que no me encontraran las patotas”, recordó. Y agregó: “Supe cómo contestar y cómo escabullirme del peligro constante que generaba ser yo”.

Tagliani organizó su descargo como una cronología de culpas impuestas. “Ya me había sentido culpable antes porque, según mi abusador, yo a los 5 años lo desperté de su siesta tocándolo. Sí, yo a los 5 años”, escribió. Luego continuó: “A los 12 ya me sentía culpable porque avergonzaba a algunos padres de amiguitos por ser muy maricón. A los 15 ya me sentía culpable por no haber nacido mujer y festejar mis 15. A los 18 me sentía culpable por no tener un novio que me lleve de la mano a tomar un helado”. También recordó que a los 24 años una intervención estética le provocó graves complicaciones de salud: “Me sentí culpable de que una mala praxis me pudrió las tetas y casi me lleva a la muerte”.

“¿Culpable? ¿Por qué? ¿Por vivir? ¿Por sobrevivir? ¿Por intentar ser feliz a mi manera?”, se preguntó. Con el paso de los años, contó, logró construir un lugar propio y encontrar la plenitud. “Poco a poco fui logrando encontrar mi lugar. Siempre tuve momentos de felicidad que anestesiaban y calmaban las heridas. Ahora soy plena”, escribió sin dejar aclarar que las marcas no desaparecen: “Pero toda esa culpa se te hace callo”.

El cierre del mensaje de Tagliani volvió sobre lo sucedido en Palermo con una frase que sintetizó toda su reflexión. “Me sorprende que aún hoy siga cargándose personas que tratan de respirar como pueden antes que alguien decida que tu vida no vale nada”, escribió. Y concluyó: “No puede ser un juego atrapar vidas y hacer con ellas lo que te dé la gana”.