El proyecto desarrollado por la Universidad Nacional del Sur tuvo su inicio en 2018, cuando los investigadores trabajaban en un antiparasitario pediátrico. Cuando lograron la fórmula deseada y lo diluyeron en una especie de jarabe destinado a ser ingerido por pacientes niños, pensaron en dar un paso más y probar el formato de gomitas de colores (similares a las golosinas que se venden en kioscos) para conseguir una mayor aceptación y adherencia al tratamiento por parte de los pequeños pacientes.
El objetivo era encontrar una nueva formulación que facilite la ingesta de medicamentos en la población infantil. Siete años después, el equipo de la investigadora del Conicet Noelia González Vidal, se encuentra en la recta final de la producción de una formulación de gomitas para tratar cardiopatías en infancias.
“Al principio nos costó mucho encontrar información. Fuimos probando y equivocándonos muchísimas veces hasta que dimos con un sistema que quedó bien. Queríamos que la gomita sea viable, estética y cumpla con todas las propiedades mecánicas, físico-químicas y farmacotécnicas”, explicó González Vidal, doctora de la Universidad de Buenos Aires en el área de Tecnología Farmacéutica.
Se enfocaron en cardiopatías para dar respuesta a una problemática concreta: un colega de González Vidal que trabajaba en el Hospital El Cruce, de Florencio Varela, en aquel momento le había contado que tenían muchos chicos con estas patologías y cuando se les daba el alta, era muy difícil que continuaran el tratamiento ambulatorio, ya que no había un medicamento que contuviera los fármacos específicos y estuviera apuntado a esa población.
A partir del desarrollo, las propuestas no pararon de llegar. La lista incluyó tratamientos para personas con disfagia, adultos mayores que van perdiendo la capacidad de ingerir, pacientes oncológicos y hasta usos veterinarios.
En la formulación de las gomitas radica la base de su éxito. Son estables, es decir, menos propensas a ser afectadas por la temperatura o la humedad. También son más fáciles de almacenar y transportar. Incluso, se pueden elaborar en una farmacia.
Es una dosificación individual, que contiene todo lo necesario, a diferencia de un jarabe o una suspensión de las que se deben agitar previamente y que puede perderse algo en el proceso de dosificación. Y, además de la deglución, no es necesario administrarla con agua, ni conlleva una preparación adicional.
Actualmente, trabajan en la búsqueda de un empaque apropiado para luego pasar al estudio de estabilidad. “Estamos evaluando si nos conviene un envase plástico, en el que estén todas juntas, o conviene envasarlas en forma individual.
Ese es el paso previo para luego demostrar que las gomitas “siguen siendo estables en el tiempo y que mantienen sus propiedades críticas de calidad”, señaló la investigadora.
Alternativas similares
Otro de los proyectos en los que trabaja el equipo es la producción de comprimidos orodesintegrables. Se trata de pastillas muy pequeñas que se colocan sobre la lengua y en el contacto con la saliva, sin necesidad de tomar líquido, se van disolviendo.
Para este desarrollo recibieron dos subsidios de la Agencia Nacional de Laboratorios Públicos (Anlap), mientras que para el de los medicamentos en forma de gomitas masticables, el apoyo económico llegó de la mano de la Comisión de Investigaciones Científicas (CIC) de la provincia de Buenos Aires.
“La Anlap era nuestro gran socio porque todas estas formulaciones, que son de interés para la producción pública, la industria no pone dinero porque no hay un mercado grande al que atender. Lamentablemente –cuestionó– la Agencia fue suprimida en diciembre de 2023 y se perdió un gran aliado para estos desarrollos medicinales”.



