Hay imágenes de televisión que sobreviven a los programas, a los canales y hasta a la época en la que fueron grabadas. El “¡carajo, mierda!” de Mirtha Legrand se repitió tantas veces que terminó convertida en meme –antes de que existieran los memes–, en publicidad y hasta en una frase que la propia Mirtha aprendió a repetir con humor

Pero existe una historia bastante más humana detrás de la primera vez que fue dicha, la de una mujer agotada que creyó que nadie la estaba mirando . un material que permaneció guardado durante años y dos periodistas, el rosarino Gerardo Rozín y Chiche Gelblung, que entendieron inmediatamente el enorme valor televisivo que tenía ese material.

La historia de cómo aquel video llegó a la pantalla tan interesante como el video mismo. Rozín conocía muy bien el universo de Mirtha, el había trabajado como productor suyo y la propia Chiqui recordaría años después ese dato cuando empezó a sospechar de dónde había salido la grabación. Más tarde, Rozín pasó a Canal 9 y llegó a ocupar un lugar en la programación de la emisora. Ahi apareció aquel material que llevaba años durmiendo en el archivo del canal.

     

No existe una versión documentada que no. permita saber quien tomó la cinta de una estantería o quién se la entregó físicamente por primera vez a Rozín. Lo que sí contó Chiche Gelblung es que fue Rozín quien la descubrió dentro de ese archivo y quien se la hizo llegar. “Él lo descubrió y nos facilitó ese material”, explicaría años más tarde el periodista.

Hay, además, un detalle que completa la historia. Según contó el periodista Rodrigo Lussich después de hablar con el propio Rozín, esas imágenes habían sido reservadas para el debut de ZAP. el programa de espectáculos y actualidad de Canal 9, conducido por Marcelo Polino, que debutó en 2002. Tenía un tono bien filoso, con archivo, chimentos, informes y polémicas del mundo de la televisión. La producción del programa tenía el material pero no terminaba de decidirse a ponerlo al aire. Era Mirtha Legrand. No una actriz en una ficción, era una de las figuras más poderosas y respetadas de la televisión argentina sorprendida en un momento privado, convencida de que eso nunc. formaría parte del programa. Rozín entonces se acercó a Chiche Gelblung recordó aquella conversación con una pregunta sencilla: si se animaba a mostrarlo. Él no necesitó demasiado tiempo para contestar.

La relación entre Rozín y Gelblung en esa historia fue, sobre todo, la de dos hombres de televisión que compartían un mismo espacio laboral y una intuición parecida frente a una buena imagen. Rozín tenía acceso al material desde su lugar dentro de Canal 9, Chiche tenía “Memoria”, un programa construido precisamente alrededor del archivo, las imágenes extraordinarias y esos documentos que podían cambiar la percepción sobre una figura pública. Uno encontró el material. El otro tomó la decisión editorial de mostrarla. Y Chiche la mostró.

La escena había sido grabada durante uno de los tradicionales almuerzos de fin de año. Mirtha venía acumulando enojo. Los papelitos de la celebración habían quedado en su peinado, se había encontrado con globos en el estudio y tampoco le había gustado un plano en el que la habían tomado de perfil. Era una sucesión de pequeñas incomodidades, pero también el cansancio de alguien que llevaba muchas horas trabajando y que siempre había sostenido sobre sí misma una exigencia enorme.

Daniel Tinayre, su marido y durante años uno de los grandes arquitectos de su carrera televisiva, intentó tranquilizarla. Pero Mirtha ya estaba desbordada.

“¡Carajo, mierda! Demasiado esfuerzo hago”, soltó.

Lo extraordinario es que esa frase no pertenecía a la Mirtha que el público hasta entonces conocía. La mujer de la pantalla estaba siempre impecable, sentada derecha, pendiente del vestido, del plano, de la iluminación y de cada detalle de su mesa. Podía hacer la pregunta más incómoda sin perder la sonrisa. En ese momento, en cambio, aparecía una mujer cansada, enojada, reclamando que no podía sostener cualquier exigencia como si tuviera veinte años.

Por eso, cuando el video apareció en “Memoria”, no lo vivió como una simple travesura televisiva. Se sintió expuesta. El episodio se sumó a una relación con Gelblung que ya arrastraba numerosos conflictos. Mirtha le reprochó durante años sus comentarios sobre su edad, fotografías que consideró invasivas y distintos informes relacionados con su vida privada y familiar. La emisión del famoso tape terminó convirtiéndose en uno de los símbolos de aquella pelea.

Mucho después, cuando pudieron volver a sentarse frente a frente, Mirtha todavía necesitaba saber quién se lo había dado. Sus sospechas habían apuntado hacia Rozín. “Fue productor mío”, había recordado. Con el tiempo, Chiche terminó confirmando que ella no estaba equivocada, Rozín había encontrado el material y había sido quien se lo acercó.

Gelblung defendió siempre otra lectura de aquel episodio. Para él, las imágenes no habían destruido a Mirtha. Al contrario, sentia que de alguna manera habían permitido descubrir algo que su propio personaje televisivo ocultaba. La habían humanizado, y quizás el tiempo terminó dándole algo de razón.

Lo que Mirtha vivió como una exposición dolorosa terminó siendo una de las escenas que más acercaron al público a la mujer detrás de la diva. Porque por unos segundos no hubo peinado perfecto, pregunta filosa ni mesa de gala. Solo hubo una trabajadora agotada.

Rozín encontró un archivo que otros no se animaban a mostrar. Chiche tomó la decisión de ponerlo al aire. Mirtha se enojó durante años. Y finalmente hizo algo que hacen muy pocas estrellas cuando el tiempo pasa, terminó apropiándose de la escena que durante muchos años quiso borrar.

Mirtha Legrand y Chiche Gelblung, durante uno de los encuentros televisivos que marcaron una relación atravesada por años de peleas y una posterior reconciliación
Mirtha Legrand y Chiche Gelblung, durante uno de los encuentros televisivos que marcaron una relación atravesada por años de peleas y una posterior reconciliación

Chiche y Mirtha se reconciliaron públicamente en 2006, después de 22 años de distanciamiento. Fue en un almuerzo de Mirtha, con Chiche como único invitado. Ella repasó uno por uno sus reproches incluido el video del “carajo, mierda” y al final cerró con una frase muy clara: “Desde ahora, amigos”.

Después volvieron a encontrarse varias veces y la relación se volvió mucho más amable. Chiche incluso llegó a decir años después que con Mirtha tenían “solo amor”.

Quizás ésa sea la verdadera razón por la que el “carajo, mierda” sobrevivió tanto. No porque Mirtha haya perdido el control, sino porque durante unos segundos dejó de ser un personaje perfecto y permitió, involuntariamente, que todos vieran a la mujer que había detrás.