Tras el triunfo del seleccionado argentino contra Inglaterra, San Vicente, una pequeña ciudad de Santa Fe que alberga cerca de siete mil habitantes, se vistió de celeste y blanco como la mayoría de las localidades del país. La diferencia es que allí, entre banderas y abrazos, festejó Carlos "Lechuga" Roa, el arquero que en 1998 le atajó dos penales a los ingleses.
En el fútbol, hay imágenes que quedan grabadas para siempre, como "la mano de Dios" o "el gol del siglo" de Diego Maradona y también hay estadísticas, que en los últimos días estuvieron muy presentes: Argentina se enfrentó seis veces en mundiales contra Inglaterra. Y una de esas fue en Francia, en el Saint Etienne, cuando todo vestido de negro, "Lechuga" Roa, se convirtió en héroe.
Ese día, 30 de junio del 98, la selección argentina metió el primer gol a los seis minutos. Fue un penal convertido por Gabriel Batistuta. Pero tras festejarlo, otro penal para el rival empató el enfrentamiento. Michael Owen fue quien levantó a Inglaterra con un segundo gol y a los 45 minutos, el argentino Javier Zanetti volvió a ponerlo 2 a 2.
En el inicio del segundo tiempo, Simeone y Beckham se cruzaron y el inglés fue expulsado por la reacción posterior a la falta. En la tanda definitiva, el "Lechuga" Roa atajó los disparos de Paul Ince y David Batty y selló el pase de la albiceleste a cuartos de final y la eliminatoria de Inglaterra.
Este miércoles, no hubo penales, pero ambos seleccionados volvieron a encontrarse en una copa del Mundo, y Argentina pasó a la final. Los recuerdos trajeron al colectivo social viejas heridas que todavía sangran y también, viejas alegrías que el fútbol sigue regalando.
La pasión, intacta
Roa abrió las puertas de su casa –ubicada en la misma ciudad donde nació Matías Manna, analista de juego del equipo de Lionel Scaloni– y le contó a Rosario3 cómo fue ese partido épico y cómo vivió él, el último enfrentamiento del equipo liderado por Lionel Messi.
De aquel 30 de junio recuerda un estadio repleto de gente. Lo que refleja que la pasión de los argentinos por la selección, sigue intacta. Los ingleses de un lado, y los simpatizantes del plantel de Daniel Passarella, del otro. No puede mencionar cuáles fueron las indicaciones previas que el cuerpo técnico les dio, pero está seguro de algo: no había tanto estudio de jugadas contrarias. Además, coincidió con Scaloni en que se trata sólo de fútbol, pero admitió que Malvinas y todo lo que hay detrás, se sintió entonces y se sintió ayer.
“Estábamos en la concentración, y se hablaba de todo un poco, por supuesto que cada jugador conocía la historia, pero no teníamos tanta información como ahora", señaló respecto a la todo lo que sucedió en redes sociales cuando se anunció que el próximo rival de Argentina en la Copa del Mundo era Inglaterra. Sin embargo, no dudó en afirmar que “toda la tensión corre por dentro”. Y destacó de la actual selección argentina el valor “para hacer lo que nadie hizo antes en un mundial: sacar esa bandera y mostrarla sin importar posibles consecuencias”.
“Teníamos la información básica para salir a la cancha, no recuerdo por ejemplo, haber visto definiciones por penales de Inglaterra, antes del partido”, mencionó y sumó: “Recién empezaba mi primer año, ni los conocía. Yo sabía lo que el cuerpo técnico decía y después, lo que se pone en juego, es tu iniciativa”. En ese sentido, recordó que - al no existir toda la tecnología que hay hoy para analizar cada partido - él tenía una técnica, la de tratar de confundir al jugador que estaba por patear. “Sacaba ventaja con picardías: lo miraba mal, le hacía algún gesto o le decía cosas de la pelota, pero por hacer eso el arbitro me sacó amarilla”, confesó entre risas.
“Lechuga” dice que muchas de las jugadas de aquella tarde del 98 hoy hubieran sido revisadas. Sobre todo la del penal a Owen: "Se tiró, yo lo ví, estaba adelante mío”. Además, mencionó que tras ganarles, festejaron con sus seres queridos un par de horas, y después a “regenerarse”. Recordó con cariño algo que también se repite en el presente: “Qué grupo hermoso que armamos, pasamos muchas horas juntos, se volvieron familia”.
Veintiocho años después, conserva la ropa que usó y por supuesto, los guantes. Vive la Copa del Mundo con entusiasmo, respeta cábalas, cree que Messi es “una barbaridad”, que “el Dibu está haciendo lo correcto", y que “nadie le puede pedir a estos muchachos, más de lo que ya nos dieron”. Además, cada triunfo de la selección lo celebra en la plaza de San Vicente, donde la leyenda de aquella tarde del 98 decidió descansar.