Treinta minutos mano a mano con la computadora sin poder escribir una palabra. ¿Por dónde empezar? ¿Qué escribir? La emoción y el orgullo brotan a borbotones, pero pasarlo a palabras es casi imposible. Impactante victoria de Argentina sobre Inglaterra. La redujo a una selección pequeña en el segundo tiempo. La maniató, la prepoteó, le provocó averías por todos lados. Jugó por escándalo su mejor partido en el Mundial y se metió en la final con un carácter que debe haber preocupado hasta a la impecable España, selección con la que definirá la Copa del Mundo.
Un Messi imperial enarboló la bandera de una selección que nunca deja tirada a su gente, que buscó hasta el final, hasta cuando parecía que no quedaba tiempo. Un cambio magistral de Scaloni arrinconó más todavía a una selección de Tuchel que sólo pensaba en cómo defenderse. Increíble selección.
Qué difícil tratar de explicar semejante partido. Es que era especial. Desde el primer minuto se notó. ¿Y en los himnos? Lo que fueron las tribunas, los jugadores.
A Argentina, Inglaterra no le resulta indiferente. Fue el combustible necesario para reencontrar el fútbol que había perdido en la Copa del Mundo y que lo llevó a estar al borde de la eliminación.
Todo lo que se describa es poco. La valentía de Scaloni y el temor de Tuchel. ¿De dónde sacó fuerzas Messi para jugar el segundo tiempo que jugó? Su talento no se toca, pero tiene 39.
Los jugadores no pueden hablar de la emoción, se arrodillan en la cancha después del pitazo final tras un descuento interminable del árbitro que no paraba de agregar minutos. Lloran. Enzo llora, Leo llora, De Paul, siempre a su lado, lo abraza. Lautaro balbucea unas palabras ante los micrófonos, pero inexorablemente se quiebra.
¡Qué cambio metió Scaloni! ¡Qué cuerpo técnico! Este equipo puede perder, por supuesto, no es invencible aunque lo parezca, pero nadie podrá dudar del carácter de un plantel que no renuncia nunca a nada.
¿Se buscaba un parámetro para conocer el verdadero potencial de la selección en la Copa del Mundo? Inglaterra lo es. Lo aniquiló, lo metió adentro del área, su arquero hizo tiempo, pidió la pausa de hidratación, le metió dos remates en los caños. Le empató a los 85’ con un zapatazo de Enzo y se lo ganó a los 92’ con un cabezazo de Lautaro. Gordon había puesto el 1 a 0 tras un error de Molina en el cierre.
¡Qué segundo tiempo! Se lo llevó puesto.
Fue tan fuerte el desarrollo de la segunda mitad y la importancia del rival que bien podría compararse con la final de Qatar frente a Francia. Fortísimo.
Sin temerle a las exageraciones, seguramente es uno de los triunfos más festejados de la historia de la selección argentina.
¿Qué más se le puede pedir a este equipo? Este sí es un triunfo épico.
¿Hace falta ganarle a España para demostrar algo?
Ya está todo hecho.
Cómo cuesta encontrar las palabras para dimensionar semejante epopeya. Es que probablemente no existan.
Sería muy fácil caer en nacionalismos, válidos por cierto, pero deben quedar guardados en el corazón.
El domingo es la final. Argentina puede ganarle a España o perder, pero no va a dejar tirada a su gente. Increíble selección.