Es un drama futbolero el adiós de Leo a la selección. Es como entrar en un estado de indefensión que nadie sabe cuándo terminará, si es que termina. Traumático para los amantes de la pelota que conviven con el genio rosarino desde que su talento salió a la luz en 2005, si es que se toma el partido con Hungría, de la selección mayor, como punto de partida.
Pero el drama y el trauma no son extraños al sentimiento argentino por la selección. Cuando la enfermera se llevó de la mano a Diego tras la victoria sobre Nigeria, con dos goles de “Cani”, en Estados Unidos 94, nadie pensaba, ni suponía, que sería la despedida del genio de Villa Fiorito.
Comentario al margen. ¿Alguien vio alguna otra vez a una enfermera acompañar a un futbolista al control antidóping? Tan armado que da asco.
Argentina ya sabe lo que es perder a su héroe futbolístico y ahora debe comenzar de nuevo el “tratamiento” para morigerar los efectos de otra abstinencia.
Primero aparecerán las comparaciones, que siempre serán injustas. ¿Cómo comparar a Messi con otro mortal que haya nacido en el país y tenga que llevar sobre sus espaldas ese estigma?
Después, el paso del tiempo hará su parte para que se vayan acomodando las piezas y el público empiece a acostumbrarse a no tener a Leo.
Mientras tanto, no obstante, se buscarán nuevos héroes que reemplacen sus garabatos. Con él en la cancha siempre estuvo la sensación de que la selección estaba protegida. A pesar de los tiempos duros, de los años sin resultados, con Messi en la cancha siempre pareció que la hazaña era posible.
Lo mismo pasó con Diego cuando dejó la selección, exactamente lo mismo, aunque aquello fue mucho más impactante. Fue como una muerte súbita. De pronto el héroe desapareció.
Esto, el adiós de Leo, se veía venir, quizás podía existir la esperanza de una última Copa América, pero no mucho más.
Y once años después de aquel impacto de Diego, apareció Leo, que empezó a ser el “nuevo dueño” de la selección en Sudáfrica 2010 (ya había estado en Alemania 2006). Justamente con Maradona en el banco, toda una simbología.
El anuncio de la despedida es muy reciente, pero el inconsciente futbolero ya busca a su nuevo “protector”.
Argentina está acostumbrada a tener en la cancha al mejor jugador del mundo más allá del tiempo que pasó entre el abrupto adiós de Diego y la despedida de Leo.
¿Se puede ser campeón sin ellos? España y Francia no tienen ni a un Messi ni a un Maradona y lo lograron. Es más, Argentina fue campeona del mundo antes que ellos fueran lo que fueron con otro héroe más humano, aunque también héroe: Mario Kempes.
Cuando a Diego “le cortaron las piernas”, parecía que no iba a haber mañana. Y una década después apareció Leo.
Otra vez existe la misma sensación potenciada por la exacerbación de todo que caracteriza a estos tiempos.
¿Habrá mañana después de Messi?
¿Parirá el fútbol argentino a un nuevo héroe?