Solemos describir situaciones con colores. Si la cosa viene mal, elegimos -por mandato cultural e inconsciente sumisión racista- el negro. La política económica define que alguien está en regla cuando está en blanco. Si la vida nos sonríe, es porque está de color rosa. La esperanza se representa con el verde y la furia con el rojo. Y si alguien quiere celeste, que le cueste. A los que amamos el fútbol y toda la alegría que ese deporte emana, desde ayer que andamos con el alma despintada.
Estas líneas debieron escribirse hace 24 horas, con la noticia caliente de que Lionel Andrés Messi no vestirá más la camiseta de la selección argentina en partidos oficiales. Pero me quedé en blanco. Paradójicamente, no siento tristeza, ni nostalgia, ni bronca, ni amargura, ni dolor. Lo que siento es un blanco total, para continuar con la idea-fuerza de los colores, que me ayuda a describir este momento.
Quizás sea eso. Te costó tanto el celeste, Leo, que te lo llevaste. Lo guardaste en un bolsito, de esos que de tanto llevarlo de un lado a otro con botines, medias y camisetas que se resisten a pasar por el lavarropas, se les falsea el cierre y dejan escapar pedazos de barro, de gramilla, de olor a sudor por andar corriendo como un loco detrás de una pelota.
Sí, creo que lo que siento es eso. Que te llevaste el celeste de la camiseta, de la bandera, del escudo, de la cinta de capitán. Y nos dejaste a todos descoloridos, desteñidos, opacos, incoloros, apagados.
Ya sé que hay muchas otras cosas por las cuales preocuparse y también conozco esa frase que dice que el fútbol es la cosa más importante de las menos importantes. También entiendo que la camiseta y la selección deben estar por encima de todos los nombres propios, porque es lo que perdurará por los años de los años.
Te costó tanto el celeste, Leo, que te lo llevaste
Pero Messi, incluso el peor Messi que hayamos visto alguna vez, siempre fue la esperanza mágica y a la vez concreta de que de su pie izquierdo saldría un color vivaz, eléctrico y feliz. Así como de la paleta del pintor sale un trazo que transforma un garabato en una obra de arte. Así como de un fibrón sale el primer dibujo con dedicatoria para mamá o papá. Así como el arcoiris nos cuenta que ya ha pasado la tormenta.
Te llevaste el celeste, Leo. Lo descolgaste de la camiseta una mañana gris -otra vez con los colores- del último día de agosto. Me dejaste en blanco un día entero. Pero ahora que empiezo a reaccionar, te digo que por mí está más que bien. De mi parte, humildemente y con mucho amor, el pedacito de celeste argentino que a mi me toca, te lo regalo.



