Durante 2025 se registraron 5.209 muertes por suicidio en Argentina, un 22,6% más que el año anterior. La tasa nacional alcanzó los 11,8 casos cada 100 mil habitantes y la problemática golpea especialmente a adolescentes y jóvenes: entre los 15 y los 34 años, el suicidio pasó a ocupar el primer lugar entre las causas de muerte.
La evolución también muestra una tendencia preocupante. Entre 2017 y 2025, la cantidad de casos registrados en el país aumentó un 57,6% en términos absolutos. Solo en 2024, el 45,3% de las personas que murieron por suicidio tenían entre 15 y 34 años.
En Santa Fe, el panorama también encendió las alarmas. Según datos del Ministerio Público de la Acusación, durante 2025 hubo aproximadamente 448 muertes por suicidio, frente a 306 fallecimientos en siniestros viales y 210 homicidios dolosos.
Los suicidios representaron así el 46,5% de las muertes violentas registradas en la provincia. La tasa fue de 12,7 cada 100 mil habitantes, por encima de la media nacional.
En Santa Fe hubo más muertes por suicidio que por siniestros viales y más del doble que por homicidios.
Cuando el sufrimiento no se puede poner en palabras
Celestine Bragagnolo atravesó varios intentos de suicidio y realiza tratamiento de salud mental desde hace años. Al hablar de esas crisis, marca una diferencia que para ella resulta central: “Yo no quería dejar de vivir; quería dejar de sufrir”.
Contó que, aún teniendo personas y profesionales a quienes recurrir, en los momentos de mayor sufrimiento le resultaba muy difícil pedir ayuda. “Podía llamar a mi viejo, podía llamar a mi vieja, podía llamar a mi psicóloga, pero el sufrimiento era tanto, mi mente estaba tan abrumada, que sentía que no podía más”, recordó.
También señaló que, en su caso, aparecían expresiones que podían pasar desapercibidas para el entorno, como “estoy cansada” o “quiero dormir para no despertarme”. Por eso, remarcó la importancia de prestar atención a cambios y frases que pueden expresar un malestar profundo, sin asumir que siempre serán evidentes.
Tras su último intento, atravesó una internación psiquiátrica que marcó un punto de inflexión en su tratamiento. Aun así, aclaró que la recuperación no debe pensarse como un proceso lineal ni exento de nuevas crisis.
Entre los 15 y los 34 años, el suicidio pasó a ocupar el primer lugar entre las causas de muerte
“El proceso no es lineal. Tiene sus altibajos. Yo sigo teniendo mis crisis, pero ya desde otra mirada”, explicó. Además, la joven hizo hincapié en la importancia que puede tener el poder de la palabra: “Un ‘¿estás bien?’; un ‘vení que te doy un abrazo’. Un abrazo te hace sentir que esa persona está”. Y finalizó: "Esas cosas, pueden salvar la vida de alguien”.
Desde esa experiencia, Bragagnolo insiste en que pedir ayuda y sostener un tratamiento puede abrir otras posibilidades. “Se puede salir adelante. Todo tiene una salida”, concluyó.
La historia que sigue en quienes quedan
Marina Promanzio perdió a su hija Constanza hace dos años y medio. Durante la entrevista la recordó como una joven “radiante, intensa, muy amorosa, muy sensible, muy amiga de sus amigos, muy familiera y divertida”, pero “vulnerable”.
Contó que a Constanza le gustaba cantar, ir a la cancha y estar cerca de sus afectos. También explicó que, en los días previos a su muerte, atravesó una crisis que tomó a la familia por sorpresa. Marina buscó orientación profesional para saber cómo acompañarla, pero sintió que todo ocurrió muy rápido.
“Estoy aprendiendo. Primero a vivir sin ella, que es lo más difícil”, expresó al hablar del proceso que atraviesa desde entonces.
A partir de su experiencia, Marina remarcó la importancia de que el entorno pueda estar atento cuando una persona no logra pedir ayuda por sí misma. “Las personas que rodeamos a alguien que está en una situación tan vulnerable podemos estar más atentos a pedir ayuda que el que lo está padeciendo, a veces”, explicó.
También puso el foco en la postvención, es decir, el acompañamiento a familiares, amigos y personas cercanas después de una muerte por suicidio. “Es tan importante como la prevención”, sostuvo.
En Santa Fe hubo más muertes por suicidio que por siniestros viales y más del doble que por homicidios
Para quienes atraviesan un momento de desesperación, dejó un mensaje centrado en la búsqueda de apoyo: “Que se atrevan a hablar, que pierdan la vergüenza, que no se preocupen por el qué dirán, que busquen alguna red de contención, de apoyo, alguien con el que se sientan seguros y que pidan ayuda”.
Y cerró con una imagen que atraviesa todo su testimonio: “Yo convoco a toda la comunidad a abrazarnos, literalmente y metafóricamente. Un abrazo sana”, ya que, para ella, “nadie se salva solo. La salida es colectiva”.
Un fenómeno sin una única explicación
Especialistas advierten que no existe una sola causa detrás de un suicidio. Factores psicológicos, familiares, sociales, económicos, culturales, laborales y comunitarios pueden interactuar de maneras diferentes en cada persona. Por eso, reducir una muerte a una separación, una pérdida, una situación económica o un diagnóstico puede llevar a interpretaciones equivocadas.
La psicóloga Julieta Santa Cruz explica que tampoco existe una única manera de manifestar el sufrimiento.
“Hay veces que son más claros, hay gente que dice: ‘No doy más, me quiero morir’. Y hay un montón de gente que no lo puede poner en palabras”, señaló.
Algunas señales pueden aparecer como aislamiento, apatía, pérdida de interés, desesperanza, alteraciones importantes del sueño, cambios repentinos de conducta o expresiones relacionadas con no querer continuar viviendo, pero “a veces no es tan asi”.
Los especialistas advierten que una señal aislada no permite anticipar un suicidio. Lo importante es prestar atención a los cambios, habilitar conversaciones y consultar cuando algo preocupa.
La guía provincial para el abordaje de autolesiones e intentos de suicidio también insiste en que estas situaciones deben abordarse desde una perspectiva integral y comunitaria, teniendo en cuenta dimensiones psicológicas, sociales, económicas, culturales e históricas.
“Al cuerpo social le está pasando algo”
La socióloga Norma Valentino, desde las Ciencias Sociales del Trabajo, propone ampliar todavía más la mirada.
“Que haya suicidio ocurre en toda sociedad, en todo lugar. Pero cuando uno se enfrenta al incremento tan alto de las tasas de suicidio, es evidente que al cuerpo social le está pasando algo, una patología”, planteó.
La afirmación abre interrogantes sobre las condiciones en las que viven las personas: la incertidumbre económica, las dificultades para proyectarse, la precariedad laboral, el aislamiento, los consumos problemáticos, el endeudamiento y el debilitamiento de redes comunitarias.
Ninguno de estos factores debe presentarse como una causa automática del suicidio. Sin embargo, sí forman parte de los contextos que especialistas y organismos sanitarios consideran necesario analizar.
A nivel mundial, la Organización Mundial de la Salud estima que más de 720.000 personas mueren por suicidio cada año y lo ubica entre las principales causas de muerte en jóvenes.
La Organización Panamericana de la Salud, además, ha advertido que las Américas constituyen una de las regiones donde las tasas mostraron una evolución preocupante durante las últimas décadas y sostiene que la prevención requiere acciones que excedan al sistema sanitario: educación, trabajo, protección social, comunidades y medios de comunicación también forman parte de la respuesta.
Una crisis no siempre se ve
La concejala rosarina Sabrina Prence atravesó personalmente una depresión y un intento de suicidio. En su caso, la crisis estuvo precedida por diferentes pérdidas personales, la pandemia, el final de una relación y dificultades para procesar esos duelos.
“Uno no se quiere matar porque quiere hacerlo y ya, sino porque intenta aplacar el dolor que está sintiendo y no lo puede hacer de ninguna otra manera”, explicó.
Entre las señales que ella misma comenzó a reconocer estuvieron las dificultades para levantarse de la cama, un profundo malestar y un insomnio que llegó a extenderse durante varios días.
Pero Prence advierte que el padecimiento no necesariamente coincide con la imagen que una persona muestra hacia afuera. “Vos podés demostrar estar lo más feliz y a lo mejor estás en la peor etapa de depresión”, señaló.
En su experiencia, la intervención profesional y el acompañamiento de su familia fueron determinantes. Después de su intento, su psiquiatra le indicó que no podía permanecer sola. Con el tiempo, su mirada se concentró especialmente en todo lo que ocurre antes de llegar a una situación extrema.
“El suicidio ya es el último paso. Hay que prestar atención a todo lo previo y empezar a generar políticas de prevención”, sostuvo.
Y resume el valor de los vínculos en una acción sencilla: “Para mí muchas veces con un ‘¿cómo estás?’, podés salvar a otro. Que vos le digas su nombre y lo mires a los ojos es muchísimo”.
Hablar no instala la idea
Uno de los mitos más extendidos alrededor del suicidio sostiene que preguntar puede inducir a una persona a hacerlo. Las recomendaciones profesionales indican lo contrario.
Hablar del tema de manera responsable, preguntar directamente y permitir que una persona pueda expresar lo que está sintiendo no incrementa el riesgo y puede disminuir el aislamiento.
La guía del Ministerio de Salud de Santa Fe señala expresamente que hablar sobre suicidio no aumenta el riesgo y puede permitir que una persona encuentre un espacio para expresar un profundo sufrimiento. También advierte que nunca deben minimizarse manifestaciones vinculadas con deseos de morir o intenciones suicidas.
Celestine lo explica desde su propia experiencia. “Hablar de suicidio no siempre es meter la idea en la cabeza. Es ayudar, es abrir una charla”, afirmó. La clave está en hacerlo “preguntando, sin juzgar, sin minimizar lo que está pasando, escuchando, abrazando”.
Escuchar antes que buscar una respuesta perfecta
Frente a una persona que atraviesa una crisis, no es necesario tener conocimientos profesionales para dar el primer paso. Las recomendaciones incluyen tomar en serio lo que expresa, escuchar sin juzgar, preguntar cómo se siente y facilitar el contacto con profesionales o servicios de salud.
Frases como “tenés que poner voluntad”, “hay gente que está peor” o “tenés todo para estar bien”, pueden cerrar la posibilidad de diálogo.
La guía provincial recomienda utilizar un lenguaje claro y sensible, evitar consejos apresurados o juicios de valor y dar tiempo para que la persona pueda expresar lo que le ocurre. También sostiene que ante una situación de riesgo, la persona no debe permanecer sola.
Por eso, una de las ideas que atraviesa los testimonios es particularmente simple: más que encontrar rápidamente qué decir, muchas veces hay que aprender a escuchar.
Dónde pedir ayuda
Ante una situación de crisis o riesgo inmediato, se recomienda recurrir al sistema de salud y no dejar sola a la persona. En Rosario, el 107 del Sistema Integrado de Emergencias Sanitarias (SIES) brinda atención ante emergencias y situaciones críticas de salud mental. Desde el 10 de septiembre de este año, la línea cuenta además con una respuesta específica para este tipo de situaciones las 24 horas, todos los días, tanto para personas que atraviesan una crisis como para familiares o allegados que necesitan orientación inmediata.
También se puede acudir a la guardia de un hospital público o al centro de salud más cercano para solicitar asistencia.
A nivel nacional funciona el 0800-999-0091, Línea Nacional de Orientación y Apoyo en la Urgencia de Salud Mental, destinada tanto a personas que atraviesan una crisis como a familiares o allegados que necesitan orientación.
La atención profesional es fundamental, pero la prevención también se construye en los vínculos cotidianos. Mirar al otro. Detectar un cambio. Preguntar. Escuchar sin juzgar. Permanecer cerca. Buscar ayuda.
No hace falta tener todas las respuestas.
A veces, el primer paso puede empezar con algo tan sencillo como preguntar: “¿Cómo estás?”.