Ian Alejandro Rubey de 31 años es el primer hombre trans que se convertirá en padre de mellizos en Argentina. Es licenciado en Ciencias Biológicas, vive en Puerto Madryn y tiene 33 semanas de gestación. Sin embargo, no es el único ni el primer varón trans en dar a luz. Ya en 2013, Rosario3 contó la historia, más cercana, de Karen Bruselario y Alexis Taborda, una pareja trans de Victoria (Entre Ríos), que aquel año recibió a su primera hijita, Génesis.

Pero ahora, la historia de Ian es la que recorre el mundo porque espera mellizos. "Estar embarazado no va en contra de mi masculinidad, ni siquiera con esta panza de 8 meses", aseguró, en diálogo con Gisele Sousa Dias de Infobae.

"Quería formar mi familia pero no se me ocurría pensar en gestar, precisamente porque lo asociaba con la idea de ser mujer", manifestó y agregó que "estaba intentando apropiarme de mi identidad masculina y hacerla parte total y absoluta de mi vida, me estaba inyectando testosterona. No me cuadraba ni por casualidad que se podía ser hombre y estar embarazado, al contrario, sentía que iba a ir en desmedro de mi masculinidad".

Sin embargo, conoció testimonios de otros varones que fueron gestantes, como el de Rubén Castro, un hombre trans de 27 años de origen español, que dio a luz a su hija en mayo de 2021. "Vi que por más que tuvieran una panza de 8 meses, su identidad no cambiaba. Eran ellos, seguían siendo ellos".

Pese a que había iniciado su transición, y que se inyectaba testosterona cada 3 meses, inició su travesía para quedar embarazado a través de un método de reproducción asistida. "Yo no tenía pareja cuando empecé a pensar en ser padre, tampoco quería vincularme con alguien así, o sea, buscar a alguien solo para poder tener un hijo", dijo.

En noviembre de 2021, decidió suspender la inyección de testosterona y cuatro meses después recuperó su ciclo menstrual. El plan era intentar con un tratamiento de baja complejidad con esperma donado y pocos días después se le confirmó que estaba embarazado tras un primer intento.

Dos semanas después, concurrió a realizar su primera ecografía y se le confirmó que esperaba mellizos. Se llamarán Manuel y Yanay Almendra, quienes nacerían en agosto si todo marcha bien.

De acuerdo a su testimonio, Rubey no se realizó la doble masectomía, por lo que tiene pensado amamantar a los bebés "al menos por un tiempo, hasta que necesite volver a recuperar mi cuerpo".

Rubey espera que los bebés nazcan en agosto y se mantiene junto a Patricia, una joven de Buenos Aires, con quien inició una relación amorosa.

Su camino de reconocimiento

En los 90, Ian creció como una chica. Como siempre había tenido una expresión más bien masculina y le gustaban las mujeres asumió que no podía ser otra cosa que lesbiana y así se lo contó a su mamá, en plena adolescencia. "Fue todo un drama", recuerda él ahora.

Tenía 15 años, era hija única, "y sentí que estaba lastimando a alguien muy importante para mí. Así que a partir de ese momento dejé de lado todo lo que me pasaba e intenté feminizarme lo más que pude. Así que pasé por varias relaciones con varones súper frustradas. Evidentemente no me fue muy bien, fue una época muy fea de mi vida, muy angustiante".

Ian recuerda el malestar en el cuerpo pero también la sensación de no terminar de entender qué le pasaba. Arrancó la carrera universitaria y empezó a participar de agrupaciones feministas. "Empecé a preguntarme ‘¿y yo qué quiero hacer de mi vida?’", sigue. La respuesta no llegó tras un pase de magia sino que se fue develando en etapas. "Primero volví a conectarme con esa expresión de género masculina que había tenido en la infancia. Me gustaban las chicas, siempre me habían gustado, y ahora sí volví a contárselo a mi madre pero ya desde otro lugar. Ya no era una adolescente sino una persona con autonomía que no estaba dependiendo de su madre para sobrevivir".

Tenía 25 años, estaba en pareja con una joven y, abiertamente lesbiana, se suponía que ya había entendido quién era. "Sin embargo, muchas personas que no me conocían me leían como un varón. Lo loco era que a mí no me molestaba, lo mismo que me había pasado en la infancia". Fue una amiga de su círculo de confianza quien le hizo, amorosamente, las preguntas que necesitaba escuchar: "¿Seguro que te sentís mujer? ¿de verdad estás conforme con este género?".

En 2016 el contexto social era otro, se hablaba más sobre estos temas. Ya hacía 5 años que un joven llamado Alejandro Iglesias había contado en Gran Hermano que era un varón trans y su deseo era ganar el reality para pagarse la mastectomía (la extirpación de las mamas) y la faloplastia (la creación quirúrgica de un pene). Había, además, activistas, youtubers e influencers trans que habían empezado a hacer visibles sus historias por todo el mundo, contó a Infobae.

Ian tenía 27 años cuando entendió que el tema no era su orientación sexual (si le gustaban las mujeres o los hombres) sino su identidad de género (si se percibía mujer o se percibía hombre). Es decir, cuando entendió que no era una chica lesbiana sino una masculinidad trans.

La respuesta a todo aquello, sin embargo, llegó muy cerca de la edad que suele aparecer como un tope para la fertilidad. La edad en la que se supone que el "cuco" del reloj biológico empieza a correr cada vez más rápido. "¿Podía ser varón y gestar un bebé? ¿Cómo, si se supone que el tándem vagina -útero- tetas "es lo más maternal y femenino del mundo"?. Su respuesta fue "Sí" y los bebés nacerán el mes que viene convirtiendo en padre a Ian que los espera con profundo amor.