La Batalla de El Pari, remite a la más sangrienta batalla de la Historia de la Independencia Argentina. De los tres mil hombres en el campo solo sobrevivieron 500. Y ese detalle le dio carácter de victoria pírrica al ejército realista que debió exponer en alto la cabeza de comandante Warnes, muerto en la batalla, como estandarte triunfante y brutal.

Inspirado en este momento, el artista Federico Cantini bautizó así sus once obras de bajo relieve realizadas con el barro del Paraná cocido con el gran fuego de los hornos de ladrillos. Son postales de una ciudad que en tiempos de narco pandemia mezcla sensaciones que el artista no pudo evitar reconstruir con ese barro.

“Me pareció natural hablar de eso ¿Qué otro lado puede mirar el arte cuando están pasando estas cosas tan fuertes acá?”, dice Fernando. “La gente a mi alrededor pasa momentos muy difíciles en tiempos de pandemia. Jóvenes creativos sin hacer nada. Hoy ser transa (vendedor de drogas) es ser cool. Y eso lo escuchás todo el tiempo en las canciones de trap. Y es raro. Yo vengo de otro tiempo donde era lo contrario. Hoy el más capo es transa. Y eso afecta muchísimo porque en esta ciudad es más fácil conseguir droga que un paquete de arroz a las 9 de la noche”, reflexiona el artista.

Una de las obras del artista con barro del Paraná moldeado.



Afectado por esas escenas, revela que muchas de ellas fueron propias. “Mucho de lo muestro lo he vivido, transacciones ilegales, la policía haciendo allanamientos, ver gente sola en la calle. Un DJ que no pudo trabajar más y se dedicó a vender drogas, una escena erótica también en la calle, la peatonal vacía con negocios cerrados…”

La Rosario de Barro es bautizada La Batalla de El Pari (¿será por la fonética anglo de fiesta? Party: Pari) y es expuesta en una de las galerías más prestigiosas de la ciudad: Diego Obligado. En Güemes 2255 las once obras se exhiben y venden, si bien Cantini prefiere no hablar de precios, a valores que oscilan entre los 800  y 1400 dólares por pieza.



“Parece tierno pero cuando uno entra en el relato en el barro pulido y tallados por el artista, se da cuenta ante un testimonio de época documental de lo que se ha convertido la ciudad de Rosario”, dice la artista y editora Lila Siegrits.

Una de las escenas de la marginalidad de Rosario en el barro del artista.

“Con barro de nuestro río cocido como tejas y ladrillos al gran calor de los hornos de la periferia de nuestra ciudad. Y hay una tradición que adscriben y hace mucho tiempo que no se ha visto que es realizar con arte un documento de época: El realismo social de Berni de los 30 y 40, los relatos de Osvaldo Aguirre de la deriva y el rocanrol libros de esos bordes de la ciudad. La ciudad que late y sucede y contada con esa muestra”, dice conmovida Siegrits.

“Tiene como disparador la pandemia en la juventud y el narcotráfico. Este tiempo  afecta un montón a los jóvenes, y a la noche que hoy está muy criminalizada, la reuniones de amigos pasadas a la clandestinidad. La gente que trabajamos en la cultura nos vemos totalmente desplazados. Y como también afecta las psiquis, frágiles nos vimos solos”, agrega Cantini.

Una obra hecha en barro del Paraná sobre imágenes de la marginalidad rosarina.



Meter la mano en el barro del fondo del Paraná. Materia prima de un retrato sangriento. El barro y la sangre. Juntos cocidos en hornos con un fuego sin fin. “Remo desde muy chico, fui a remar por el Paraná Viejo en un bote prestado y con una bolsa de residuo de consorcio junté con mis manos el barro del río. En esas trincheras hay que encontrar espacios para crear. Cuando la vida personal está llena de matices tan fuertes es muy difícil hablar de otra cosa”, explica Cantini.

El artista hizo sus obras con barro del fondo del río que él mismo extrajo.



En la exposición lo acompaña un texto de la escritora Daiana Henderson:
“Federico Cantini mete los pies en el barro, con todo el simbolismo de la expresión. Más que un trabajador del arte, es un artista fabril, o un artista constructor, como él lo ha dicho. Existe una profecía bíblica que sostiene su parábola en la imposibilidad de unir hierro con barro. Cantini produce, al interior de su obra, una aleación de elementos de naturaleza opuesta.
Barro seleccionado y extraído manualmente de las costas isleñas del Paraná, en lenta recuperación de la bajante histórica de 2020 y del fuego sojerocerdoinmobiliario, es transportado en una bolsa de consorcio a través del río hasta una casa-taller, donde es amasado y modelado, dibujado con alambres y palitos, esculpido con un tramontina o con una tarjeta de plástico intervenida para dar relieve a una persiana. Simbólicamente, el barro hace su regreso a la ciudad, de donde fue expulsado, y se convierte en materia prima de las formas urbanas. Como en un sistema de reenvíos, las obras atraviesan el mismo proceso de elaboración que un ladrillo, unidad mínima de la construcción. Todo se detiene al nivel del relieve, no hay superficies de inscripción, no hay grafitis en las fachadas, así como no hay tatuajes ni vestimentas, a excepción de un pantalón caído que acentúa la desnudez, una gorra de policía y un chaleco antibalas”.

Cuando la ciudad arde. Allí entre sus fuegos la obra de un muchacho frágil de 29 años se dispone a dar su testimonial, otra de las formas de ir contra esa muerte.