El Combate de San Lorenzo, ocurrido hace 213 años, es uno de los episodios más recordados de la historia Argentina, aunque muchas veces reducido a la célebre marcha escolar. Sin embargo, detrás de ese nombre hubo una batalla decisiva, librada a orillas del río Paraná, en lo que entonces era un pequeño poblado cercano a Rosario.
En febrero de 1813, las fuerzas realistas que operaban desde Montevideo, base naval española en el Río de la Plata, realizaban incursiones por el Paraná para saquear pueblos y abastecerse. Ante esa amenaza, el entonces coronel José de San Martín recibió la orden de frenar los desembarcos enemigos.
Con apenas unos 150 Granaderos a Caballo, San Martín montó una emboscada estratégica en las inmediaciones del convento de San Carlos Borromeo, en San Lorenzo. Al amanecer del 3 de febrero, cuando alrededor de 250 soldados realistas desembarcaron confiados, fueron sorprendidos por una maniobra envolvente, aprendida por el propio San Martín en sus campañas europeas.
El combate fue intenso y brevísimo: duró entre 15 y 30 minutos. Los patriotas cargaron sable en mano y obligaron a los españoles a replegarse hacia el río. La victoria fue contundente y evitó nuevas incursiones enemigas en la zona.
Durante la batalla, San Martín estuvo a punto de morir cuando su caballo cayó herido. Fue auxiliado por soldados que se volverían legendarios, como Juan Bautista Cabral, quien murió tras el combate y quedó inmortalizado como uno de los héroes de la jornada.
Según destacó el historiador Felipe Pigna en el sitio ElHistoriador, el Combate de San Lorenzo fue pequeño en número, pero enorme en significado: consolidó el liderazgo de San Martín, demostró la eficacia de los Granaderos y marcó el inicio del camino que luego llevaría a la liberación de Chile y Perú.
Fue, además, la única batalla que San Martín libró en suelo argentino. Un enfrentamiento breve, que cambió el rumbo de la historia.