San Cristóbal es un cuadrado irregular de unas 17 o 18 cuadras por lado. Las vías del ferrocarril lo atraviesan por la mitad. En el centro quedó el origen de esta ciudad nacida a fines del siglo XIX: la vieja estación del tren y una serie de galpones, la mayoría abandonados. Son ocho imponentes cuadras del lado de calle Belgrano. Una pasarela permite cruzar por arriba de los fierros por donde aún circulan cargas pero no pasajeros.
Las paredes derruidas y las pequeñas ventanas rotas son la evidencia de una decadencia que lleva 30 años, desde la privatización y cierre de una industria que llegó a tener más de mil empleados. Hoy funciona una pequeña parte, un taller que repara vagones para la línea Belgrano Cargas que viene desde el norte del país. Depende de la empresa estatal Trenes Argentinos, en proceso de venta por el gobierno nacional.
Ese es el corazón (un corazón que no late) de una ciudad chata y un cielo sin barreras, de calles anchas y limpias, con 15 mil habitantes, que es noticia desde el lunes 30 de marzo. Esa mañana, un adolescente protagonizó un tiroteo dentro de la escuela Mariano Moreno, mató a otro de 13 y abrió preguntas que persisten.
De ese núcleo ferroviario, se abren cuatro diagonales que se proyectan hacia los costados. Esas avenidas cortan el damero urbano y pueden confundir al visitante desprevenido. Es como si dos ciudades superpuestas convivieran de forma confusa.
Por la calle Belgrano que corre paralela a las vías, un cartel de propaganda de la Cámara de Senadores recomienda no consumir bebidas alcohólicas. Dos cuadras más adelante, en la ochava sobre Juan B. Justo, a la vuelta de la casa de Gino C., el chico que abrió fuego aquel lunes trágico, hay una pintada. Hace unos años, había un mensaje municipal que promocionaba a la “gente que construye”. Ahora, las letras en blanco sobre un fondo azul preguntan: “¿Problemas con drogas? Narcóticos Anónimos. ¡Podemos ayudarte!”.
Mariano tiene 28 años y trabaja en el proyecto para revitalizar esa zona. Su abuelo era ferroviario y le contaba historias del hormiguero de vida que era el pueblo. “Todo San Cristóbal vivía de esto”, explica.
Cuando los galpones expulsaron trabajadores, muchas familias migraron a Santa Fe y a Rafaela. Otros se quedaron y pusieron negocios. El joven consiguió este puesto de vigilancia y monitoreo de cámaras de seguridad que le dio la Unión Ferroviaria, pero dice que no hay otras fábricas o empresas donde buscar, salvo la actividad agropecuaria.
El “Parque Inses” (Industrial, Social, Educativo y Sanitario) se inauguró en 2023 para recuperar 44.000 metros cuadrados del ferrocarril (cuatro manzanas y media). Montaron oficinas del Registro Civil y Ansés. Pero el desamparo general todavía manda en el predio. Mariano resume: “San Cristóbal murió el día que murió el ferrocarril”.
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A las 7.11 del último lunes de marzo, Gino C. disparó con una escopeta calibre 12/70 dentro de la Escuela Normal Superior 40 Mariano Moreno. Llegó a gatillar cuatro veces, mató a Ian Cabrera, de 13 años, e hirió a otros dos chicos. La conmoción se proyectó desde ese punto de San Cristóbal, en el centro-norte de Santa Fe, hacia todo el país. No se agotó ese día ni el siguiente.
El temblor persiste: en escuelas de al menos diez provincias se registraron amenazas de nuevos atentados con pintadas, mensajes anónimos o virtuales. Solo este lunes hubo 14 operativos en colegios de Rosario y la región. En uno, además de un escrito en un baño, dejaron un cartucho calibre 9 milímetros.
El primer hecho fue vinculado por las autoridades a “subculturas digitales globales”, como la True Crime Community o TCC (comunidad del crimen verdadero). Son grupos que se caracterizan por la “fascinación y, en algunos casos, la emulación de perpetradores de homicidios masivos y ataques indiscriminados a civiles con armas de fuego”. El tirador de San Cristóbal era un integrante activo y había anticipado su plan.
Un informe de la Secretaría de Análisis Integral del Terrorismo Internacional, del Ministerio Público Fiscal de la Nación, confirmó la existencia de siete causas abiertas con “características (que) presentan alta similitud con este fenómeno”. La tipificación formal es “Extremismo Violento Nihilista” con “un efecto de contagio y un ciclo vicioso de imitación y radicalización”.
Los mensajes posteriores que anuncian más episodios en las escuelas argentinas pueden explicarse en esa lógica y en la viralización mediante plataformas.
Con esa descripción que comunicaron de forma conjunta el gobierno provincial y el nacional ubicaron el germen del crimen en una red externa. Esa violencia, agregaron, prendió en un chico con “problemas de base” (o familiares, con un padre que se fue de la ciudad, entre otros antecedentes). Para los funcionarios, esos dos factores alcanzan para explicar lo ocurrido.
¿Puede agotarse el análisis en la persecución penal de un “extremismo” internacional? ¿No hay particularidades y señales a observar en el territorio donde se dio? ¿No incidieron en Gino su entorno y la sociedad donde vivió hasta la mañana en la que decidió explotarlo todo?
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Diluvia en San Cristóbal y no hay nadie en la puerta de la escuela Mariano Moreno. Es martes 14 de abril a la noche, víspera de la reapertura programada para el miércoles a la mañana. Ese plan de regreso progresivo y por etapas se postergará por la lluvia. En la puerta se juntan siete pastores evangelistas y el cura párroco. Vienen a orar por la paz y a pedir protección divina a la comunidad educativa. El establecimiento está cerrado, pero se abre para ellos (ver crónica de esa noche).
Cuando llegan la directora y la vice, no hablan. Tampoco lo harán los días siguientes los maestros y coordinadores. Desde el Ministerio de Educación informan que el único que puede dialogar con la prensa es el coordinador de la regional, Maximiliano Rodríguez. El funcionario cuenta que el regreso se hace por turnos y que los estudiantes más grandes, de quinto año, pidieron volver a clases y no quedarse anclados en lo que pasó. Hablarlo desde “otro lugar”, afirma.
¿Qué otro lugar? Propusieron pensar, por ejemplo, si Ian Cabrera, el chico fallecido que estaba en primer año, hubiese sido “del grupo de los Patagones o de los Coyas”.
La secundaria de la escuela 40 tiene 550 alumnos, de primer año a quinto, con tres especialidades en Humanidades, Ciencias Naturales y Artes Visuales. Pero todos están atravesados por una división mayor: “Patagones” y “Coyas” (o Kollas), por los nombres de los pueblos originarios. Son “tribus” que se usan para juegos o competencias. Tienen caciques y hay bautismos (se tiran con agua o barro). Los chicos de primero aún no habían sido iniciados cuando el tiroteo frenó todo.
El ritual nocturno en el patio interno de la escuela dura media hora. Víctor López, uno de los pastores, dice que existe una “guerra” y que ellos libran la batalla “espiritual”. Después, en el programa Radiópolis (Radio 2), amplía su diagnóstico y apunta a la ausencia de padres o adultos que acompañen de cerca a los jóvenes. Propone una salida a tono con su creencia: “Que los niños tengan a Jesucristo en su corazón, no hay otra”.
El periodista Roberto Caferra lo escucha y le recuerda un proverbio africano: "El niño que no sea abrazado por su tribu, quemará la aldea para sentir su calor". El pastor toma la frase pero insiste en su receta: la ciudad saldrá adelante con la fe. “Ya hemos pasado otras épocas difíciles, como el año 1995 cuando nos cerraron el ferrocarril y la gente se fue”, dice el religioso y médico. Agrega que los más jóvenes no ven un futuro posible y por eso creció el consumo de drogas, la violencia y los problemas de salud mental: “Los chicos están solos, no hay quien los guíe”.
Una realidad sin horizontes, un presente sin sentido. Nada, en latín, es nihil. Nihilismo extremo.
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Desde la sede sindical de Amsafé en San Cristóbal, la delegada adjunta de la regional, Patricia Vallejos, cuenta que el regreso a clases en la Mariano Moreno se hace de forma muy cuidada (ver la crónica aparte) no solo por el dolor y el trauma de los alumnos. "Todavía hay docentes con miedo. Estamos rotos, desarmados y tristes", explica y pone como ejemplo: “Cuando escuchan un timbre, el sonido los retrotrae al horror de aquel lunes porque el tiroteo fue a la hora de izar la bandera, y se exaltan”.
Vallejos acuerda con el Ministerio de Educación en que el ataque no era esperable ni en esa escuela (que no es la más conflictiva de la ciudad) ni con ese alumno (lo conoce desde chico como alguien no violento, buen estudiante y compañero). “¿Por qué Gino, que era bueno, nos cagó los sueños a todos?”, le preguntó un alumno y amigo del tirador a su madre.
Más allá de la sorpresa, la dirigente gremial describe un contexto de mucha gravedad social y un malestar al que se suma el acceso a las armas (que en las zonas rurales está más vinculado a la caza que a la inseguridad de las ciudades). Y conecta: "El hecho en sí ocurrió en la escuela, pero no le pasó a la escuela, le pasó a toda la población”.
"Acá hay un abandono del Estado", señala y menciona que existe un solo psiquiatra en el hospital público “que atiende dos veces a la semana haciendo consultorio". “El nivel de consumo es tremendo y existen otros condimentos, como la pobreza y la desatención de las familias, que hacen un combo importante", agrega.
La provincia, y el norte en particular, registran un aumento de los suicidios. En Santa Fe, hubo 448 en 2025, más del doble que los homicidios. Los adolescentes y jóvenes están entre los más afectados. Atraviesan una crisis en su capacidad socioemocional y una "cultura de la idealización absoluta", por cómo se publica y se percibe la vida desde la web. Especialistas de la Universidad Austral analizaron esa singularidad y pidieron poner la lupa en el "mundo vincular de los adolescentes: con quiénes se juntan, qué conversan, qué consumen en redes”.
Lejos de las organizaciones terroristas internacionales, los trabajadores de la salud mental emitieron hace un mes una carta pública para alertar sobre un "momento crítico" por la "compleja situación económica y social" que impacta en más consultas que no llegan a ser atendidas. La advertencia del sindicato Siprus y de colegios profesionales se difundió el 16 de marzo pasado, dos semanas antes del estallido de Gino quien, según sus abogados, tuvo varios intentos de quitarse la vida. En algún momento de su padecimiento, decidió dar vuelta la escopeta y apuntar hacia el exterior.
Para el ministro de Educación de Santa Fe, José Goity, esos antecedentes y factores sociales no son los más importantes para explicar lo ocurrido en la escuela 40. Dijo que “pudo haber ocurrido en cualquier lado” y rechazó por “simplistas” los pedidos de sumar profesionales de la salud mental en cada establecimiento o detectores de metales.
“Necesitamos más psicólogos, más asistentes escolares, más enfermeros, más médicos, más de todo necesitamos. Pero, aún reforzando lo que tenemos, que lo vamos a hacer, no vas a resolver el problema de base”, afirmó, y agregó: “Tener un psicólogo por escuela es imposible, necesitarías 5.000. Y si los hubiéramos tenido tampoco lo hubiéramos resuelto porque este chico (por Gino C.) ya tenía un psicólogo de la familia” (ver más en entrevista aparte).
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El adolescente que cruzó la ciudad en una moto azul, con una mochila en la que llevaba una escopeta doble caño de su abuelo, consumía contenidos violentos de grupos virtuales cerrados. Aunque, al menos en Argentina, el odio y el desprecio al otro no son una subcultura oculta: baja desde las máximas autoridades.
Gino C. procesaba esa información oscura y confusa en soledad. Sobre ese punto, la delegada de Amsafé agrega otro dato. El autor del ataque buscaba agredir a los más chicos para evitarles el sufrimiento de llegar a la etapa de la vida más dolorosa.
Vallejos remarca la falta de límites y contención de los adolescentes en esa ciudad santafesina. "Hay un descontrol terrible, pero no es de ahora, viene de años", lamenta y junto a Marcelo Simbrón, secretario de Asuntos Previsionales, recuerdan distintos episodios.
Pibes de 12 y 13 años que compran drogas a la vista de todos y consumen: “Eso está bastante extendido y casi naturalizado". También relatan peleas con mucha violencia: riñas filmadas a la salida de los colegios o el caso de Delfina, de 15, a quien otros adolescentes le tajearon la cara en la calle y tuvo que dejar la ciudad por amenazas. Lo que emerge es un escenario paralelo y alejado de lo institucional.
Andrés Giménez es periodista, ex alumno de la escuela 40 y presidente del Club Atlético Independiente, donde jugaba al fútbol Ian Cabrera, el chico de 13 años asesinado el lunes 30. Destaca el rol de los clubes como punto de encuentro que le disputan minuto a minuto a la fuerza centrípeta de las pantallas. Traza, además, un diagnóstico similar: “Los padres se comportan con sus hijos como si esto fuera un pueblo chico y tranquilo. Los dejan salir, andan solos y no saben qué hacen o a qué hora vuelven. Pero San Cristóbal tiene los problemas de una ciudad grande”.
Esa carencia simbólica se extiende al mundo virtual. Una realidad híbrida: la digital online puede tener (tiene) incluso más peso que la física o material. Un alumno que en la superficie es “bueno, correcto y deportista” planea de noche un atentado criminal. Prender fuego a la tribu.
Como suele ocurrir en estos casos, Gino ya tiene seguidores o admiradores que retroalimentan su accionar. Giménez muestra algunos de los mensajes que circulan en San Cristóbal y que alertan de un nuevo tiroteo (algo que se extiende a nivel nacional como réplicas de un sismo). Supuestos cómplices o seguidores del adolescente afirman que van a “terminar” su misión.
Uno dice: "Gracias Gino. Te extrañamos mucho, ojalá pudieras ver lo que va a pasar el 20 de abril de este año" (aniversario de la masacre de Columbine, ciudad chica de 25 mil habitantes de Estados Unidos, con 12 estudiantes y un profesor asesinados por dos adolescentes).
Según los investigadores, los miembros más comprometidos con True Crime Community (TCC) usan para el intercambio de material violento y para pasar a la acción “chats privados en plataformas como Discord o Telegram u otras sin moderación de contenido”.
Gino cumplía con los “indicadores de pertenencia e interacción en subculturas violentas” que señala el informe oficial de la Secretaría de Análisis Integral del Terrorismo Internacional. No solo había publicado fotos y mensajes en sus redes, le avisó a un amigo de 16 años que no fuera ese día. Ese chico, Nicolás C., fue detenido en la ruta 11 cerca de Nelson cuando, en principio, buscaba fugarse acompañado. Fue acusado de “participación secundaria”. Si sabía del tiroteo, al menos no alertó.
Los familiares del segundo detenido del caso quedaron del lado del victimario. Antes, fueron víctimas en el caso de Delfina, la chica agredida que tuvo que irse de la ciudad en el verano, cuentan desde la comunidad educativa. El dato no sirve para graficar una relación entre los hechos sino para remarcar la inutilidad de dividir la existencia compleja entre buenos y malos.
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En la escuela Mariano Moreno, el lunes se completó el cronograma de regreso progresivo por turnos. Hasta ese momento, según el delegado regional Maximiliano Rodríguez, "las clases se retomaron según lo planeado y esperado".
El plan es, a partir de este martes, sostener la actividad con todos los años en un horario reducido de 8.35 a 11.30. Sin embargo, registraron pintadas con amenazas en los baños de dos escuelas de esa ciudad. Una de ellas es la 40 pero no está claro si en ese caso la frase es actual, informó Rodríguez.
Por ahora, el esquema se mantiene y la semana siguiente, la última de abril, se cumplirá la última etapa: todos los cursos irán en jornada completa. Será, como sintetizó el ministro Goity, una "normalidad que nunca va a ser la misma" y que, como surge día a día, excede a ese punto de San Cristóbal.