Un nuevo estudio liderado por Lewis Pinault, científico afiliado al Instituto Seti (Instituto para la Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre), propuso algo tan audaz como comprobable: buscar "tecnofirmas microscópicas" incrustadas en el regolito lunar.

La idea fue destacada por el propio Seti. El artículo, publicado en agosto en la plataforma arXiv y actualmente en revisión por pares para la Revista Internacional de Astrobiología, no afirma haber encontrado nada. Lo que afirma es más importante: que por primera vez, se podría ir a buscar con método científico.

"La búsqueda de estas tecnofirmas microscópicas ahora es científicamente comprobable", aseguró el instituto en un comunicado.

La hipótesis es mucho más sutil. Si existieron civilizaciones avanzadas en la Vía Láctea, incluso si ya se extinguieron hace millones de años, podrían haber dejado rastros involuntarios o intencionales: partículas minúsculas diseñadas, duraderas, capaces de viajar de estrella en estrella como subproducto de exploración espacial, minería de asteroides o ingeniería a gran escala.

Con el tiempo, una fracción ínfima de ese polvo artificial interestelar podría haber terminado atrapado por la gravedad lunar. Y la Luna es el archivo perfecto.

A diferencia de la Tierra, no tiene agua corriente, ni atmósfera, ni tectónica de placas que borre todo. Ha estado acumulando silenciosamente material del espacio durante casi toda la historia del sistema solar. "La Luna ha estado acumulando silenciosamente material del espacio durante miles de millones de años, gran parte del cual probablemente sea miles de millones de años más antiguo que la propia Luna", explicó Pinault. "Nos preguntamos si esa antigua colección podría contener rastros microscópicos de tecnologías que existían mucho antes de que los humanos miraran al cielo".

Cómo sería la búsqueda

El equipo propone empezar con algo manejable: un metro cúbico de regolito lunar, aproximadamente el tamaño de una heladera.

Sobre esa muestra se aplicaría un arsenal que no existía en la era Apolo:

  • Imágenes asistidas por inteligencia artificial
    Microscopía de ultra alta resolución
    Análisis de composición de materiales

El objetivo no es solo encontrar una anomalía. Es establecer, por primera vez, un límite real sobre ¿cuánto material artificial duradero han producido las civilizaciones tecnológicas en la historia de la galaxia?

El estudio detalla teóricamente cómo esas partículas podrían sobrevivir a la radiación interestelar, al viaje de miles de años luz y al violento impacto contra la superficie lunar, quedando preservadas en el polvo.

"El estudio no aporta pruebas de tecnología extraterrestre. En cambio, demuestra que la búsqueda de estas tecnofirmas microscópicas ahora es científicamente comprobable". Si la búsqueda da negativo, igual ganamos. Esa misma metodología sirve para perfeccionar modelos sobre cómo viaja el polvo interestelar, cómo afecta a la geología lunar y a la ciencia de impactos.

Y la oportunidad es única. Tanto el programa Artemis de la Nasa, que volverá a llevar astronautas a la Luna, como las misiones robóticas Chang'e de China -que planea llevar taikonautas antes de 2030- permitirán traer muestras frescas y poco alteradas.

Tradicionalmente, Seti miró al cielo buscando señales de radio. Este trabajo propone mirar hacia abajo, al suelo de nuestro satélite, como si fuera un disco duro cósmico.

"Esta es una novedosa incorporación a las metodologías de búsqueda aplicadas para encontrar evidencia de tecnología como indicador de vida e inteligencia más allá de nuestro sistema solar", dijo Bill Diamond, presidente y CEO del Instituto Seti.

Durante cuatro mil millones de años, la Luna guardó todo lo que le cayó encima. La pregunta ahora es si, entre granos de polvo solar, se esconde también un grano que alguien más fabricó.