El consumo total de carnes alcanzó en 2025 los 116,4 kg per cápita en Argentina, marcando así un incremento de 3,85% con respecto a 2024 y alcanzando el nivel más alto de los últimos cinco años, según datos de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca. El dato refleja una diversificación en el consumo de fuentes de proteína animal y cambios estructurales en la producción ganadera.

De esta manera, Argentina se posicionó como el segundo consumidor mundial de carne, superando a Australia y quedando solo por detrás de Estados Unidos.

De acuerdo a la información difundida por la secretaría dependiente del Ministerio de Economía, el crecimiento fue generalizado en las tres principales categorías cárnicas: bovina, porcina y aviar. Y aunque la carne vacuna sigue ocupando un lugar central en la dieta nacional, el pollo y el cerdo aportaron la mayor parte del incremento total.

La carne bovina registró un aumento moderado pero sostenido: pasó de 48,49 kilos per cápita en 2024 a 49,92 kilos en 2025, lo que representa una suba del 2,94%. En un contexto donde durante años se habló de su retroceso, el dato marca una recuperación que, aunque cauta, resulta significativa para un producto emblemático de la identidad alimentaria argentina.

 El consumo total de carnes alcanzó en 2025 los 116,4 kg per cápita en Argentina.

Sin embargo, el verdadero motor del crecimiento provino de otros animales. El consumo de carne porcina fue el que más creció en términos relativos, con un salto del 8,44% interanual. Cada argentino consumió en promedio 18,89 kilos de carne de cerdo en 2025, frente a los 17,42 kilos del año anterior. La carne aviar, por su parte, alcanzó los 47,68 kilos per cápita, con una suba del 3,07%.

En total las tres proteínas sumaron 116,5 kilos anuales por habitante, cifra que quedó 6,5 kilos por encima con respecto a los 110 kilos per cápita que se consumieron en 2024.

Factores como el precio relativo, la versatilidad culinaria, la percepción nutricional y la mayor disponibilidad de productos elaborados explican el avance sostenido del cerdo y el pollo en la dieta cotidiana.

Dependencia externa

A pesar de lo positivo del dato de consumo récord, hay un aspecto que constituye una advertencia sobre la sostenibilidad de este fenómeno. El incremento de la demanda interna (unas 290.000 toneladas adicionales) no fue acompañado por un aumento proporcional en la producción local.

Para cubrir el "bache" de oferta, el mercado recurrió a dos vías que afectan la macroeconomía:

  • Salto de importaciones: el ingreso de carne desde países vecinos (principalmente Brasil) mostró subas alarmantes. Las importaciones de carne vacuna crecieron 580%, las de pollo 348% y las de cerdo 135% (especialmente bondiola brasileña).
  • Recorte de exportaciones: al mismo tiempo, para abastecer las góndolas locales se retrajeron los envíos al exterior. Las exportaciones de carne vacuna cayeron de 935.000 a 850.000 toneladas, mientras que la carne aviar sufrió un recorte del 10,4% en sus despachos internacionales.