Tras años de silencio, el géiser Echinus, una de las maravillas termales de Yellowstone, volvió a la actividad con erupciones esporádicas. Este resurgimiento coincide con nuevas preocupaciones de expertos sobre la inesperada actividad del supervolcán, aunque los científicos se muestran cautelosos.

Después de años de inactividad, el géiser Echinus, el géiser ácido más grande del mundo, entró nuevamente en erupción en el Parque Nacional de Yellowstone. Este fenómeno, que no se registraba desde 2020, volvió a ocurrir a partir del 7 de febrero, con erupciones que duran hasta tres minutos y alcanzan alturas de hasta 9 metros de altura.

El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) confirmó la noticia, y señaló que el Echinus, ubicado en la cuenca del géiser Norris y con unos 200 metros de ancho, había mostrado una disminución en su actividad desde la década de 1970, cuando sus erupciones duraban hasta 90 minutos y alcanzaban los 23 metros de altura, según publicó el sitio británico de noticias Daily Mail.

Mike Poland, científico a cargo del Observatorio del Volcán de Yellowstone, destacó que pequeños aumentos de temperatura precedieron a la primera erupción propiamente dicha. Aunque hubo períodos de gran frecuencia, la actividad fue esporádica desde finales de febrero, dejando abierta la incógnita sobre si el "espectáculo" continuará en marzo.

El resurgimiento del Echinus coincide con un período de renovada atención sobre el supervolcán de Yellowstone. Un estudio publicado en julio reveló más de 86.000 "terremotos ocultos" entre 2008 y 2022, con más de la mitad ocurriendo en enjambres. Estos enjambres sísmicos, atribuidos al movimiento de agua caliente y rica en minerales a través de grietas en la roca, son conocidos por preceder a la actividad volcánica y son el mismo proceso geotérmico que alimenta géiseres como el Echinus.

A pesar de estas señales, el señor Poland insiste en que "no hay nada realmente en desarrollo" con respecto al supervolcán, indicando que la cámara de magma está "casi sólida". Sin embargo, el hallazgo de un respiradero volcánico recién abierto en marzo del año pasado en la cuenca del géiser Norris, al pie de un flujo de lava de riolita, subraya la actividad constante de este volcán aparentemente dormido.

El USGS estimó previamente que una erupción del supervolcán de Yellowstone podría estar a unos 100.000 años de distancia, basándose en un promedio de erupciones pasadas. No obstante, reconocen que esta estimación se basa en un número limitado de intervalos, lo que la hace menos precisa. Una erupción de tal magnitud podría ser 100 veces más potente que la del Krakatoa, con el potencial de hacer inhabitables vastas regiones de Estados Unidos.

¿Es posible evitar una catástrofe? 

La Nasa propuso una idea para enfriar el supervolcán: bombear agua a alta presión en perforaciones de hasta 10 km de profundidad. Aunque el costo estimado es de 3.460 millones de dólares, se considera "la solución más viable", y el calor podría incluso aprovecharse para una planta geotérmica.

 Sin embargo, esta estrategia conlleva riesgos significativos, ya que perforar la cámara de magma podría, paradójicamente, desencadenar la erupción que se intenta prevenir. Además, el proceso de enfriamiento sería extremadamente lento, requiriendo decenas de miles de años para completarse, sin garantía de éxito a corto plazo.