Las picadas clandestinas y los ruidos ensordecedores de las motos modificadas dejaron de ser un problema aislado para transformarse en una constante que altera el descanso en distintas esquinas de Rosario. A partir de un registro de 163 denuncias específicas realizadas por los propios ciudadanos, las autoridades locales lograron mapear los puntos más críticos de la ciudad, donde grupos de conductores se concentran para realizar maniobras peligrosas.

Este mapa de calor, que sirve para orientar los operativos de saturación, expone que el fenómeno ya no es exclusivo de la zona ribereña, sino que se ramificó con fuerza hacia parques públicos y grandes avenidas de los distritos Sur, Oeste y Noroeste.

Los puntos más calientes del mapa urbano

 

De acuerdo al esquema de conflictividad que maneja la Secretaría de Control y Convivencia, la Costanera Norte sigue al frente de las quejas. El sector que va desde Avenida Carrasco y Gallo, pasando por Escauriza hasta la zona de Costa Alta, es el escenario histórico de las concentraciones nocturnas.

Sin embargo, el radar vecinal encendió alarmas rojas en otros pulmones verdes y avenidas clave de Rosario:

  • En el Norte y Noroeste: el Parque Scalabrini Ortiz, la zona de las Cuatro Plazas (Mendoza y Aviador Teniente Agneta) y la intersección de Wilde y Calasanz.
  • En el Sur y Sudoeste: el Parque Héroes de Malvinas (en el predio del ex Batallón 121), el tradicional circuito de "La Zapatilla" en el Parque Alem, y el cruce de Bulevar Oroño y Lamadrid.

En estos lugares, el municipio debió implementar esquemas de fiscalización con triples turnos durante los fines de semana y las vísperas de feriados, los momentos de mayor descontrol en las calles.

Guerra a los escapes modificados

El principal detonante de las denuncias de los rosarinos es la contaminación acústica. Por este motivo, los operativos conjuntos entre los agentes locales y la Policía de Santa Fe hacen foco en el decomiso de autopartes no homologadas.

Los caños de escape adulterados o las piezas instaladas para aumentar la potencia y el ruido de las motos son desmantelados directamente en el corralón. Según la normativa vigente, los infractores no solo pierden el vehículo temporalmente, sino que están obligados a costear de su propio bolsillo los gastos derivados de la extracción y destrucción de esos elementos antirreglamentarios.

El saldo en los galpones

 

La gravedad del diagnóstico que describen los vecinos en el 147 se traduce en los números oficiales de retención. En lo que va de 2026, las tareas de disuasión y los puestos fijos de monitoreo ya derivaron 514 vehículos al corralón municipal.

Desde las áreas de control advirtieron que los patrullajes preventivos continuarán de manera rigurosa, buscando desbaratar las convocatorias clandestinas antes de que los autos y las motos ganen velocidad en el pavimento rosarino.