La imagen sorprende y emociona a partes iguales. Apenas unos días después de haber quedado al borde de la muerte, Claudio Paniagua, el remisero de 31 años que había sido baleado durante un intento de robo en la intersección de Brasil y avenida Pellegrini, ya se encuentra en su casa de pie, vendado pero en plena etapa de franca evolución, y habló con El Tres. 

El joven recibió un alta médica temprana el último sábado y su rápida mejoría es calificada por su entorno y los profesionales de la salud como un auténtico “milagro” de fe y resistencia.

En un testimonio brindado a Telenoche Rosario, Claudio no ocultó su profunda emoción por encontrarse en su hogar y rodeado de sus seres queridos. Confiado en sus fuerzas, estimó que en un plazo de una o dos semanas ya estará completamente recuperado, aunque reconoció el tremendo impacto de lo vivido.

Una cadena de auxilio que evitó la tragedia

 

Al momento de repasar las claves de su supervivencia, el joven no escatimó en palabras de agradecimiento para cada uno de los eslabones que intervinieron en la emergencia. Destacó la celeridad con la que se movieron tanto las fuerzas policiales como el equipo médico del Hospital de Emergencias Clemente Álvarez (Heca).

Pero dedicó un párrafo completamente especial a una persona anónima que se convirtió en su ángel de la guarda por una ayuda providencial. Una joven que circulaba en moto por la zona del hecho divisó la gravedad de la situación y no dudó en subirlo al rodado para trasladarlo de inmediato al efector más cercano, el Policlínico San Martín.

“Justo pasó, vio la situación y me dijo ‘vamos, vamos que te llevo’. Y eso fue lo mejor porque no teníamos otras opciones. Si esperábamos la ambulancia, quizás moría desangrado. Quizás no llegaba a ningún lado”, rememoró con crudeza.

Posteriormente, una ambulancia del Sies lo derivó al Heca, donde se le practicó una compleja cirugía de reconstrucción en la zona de la mandíbula debido a los daños que causaron los proyectiles.

 El joven mostró algunos de los impactos de bala sufridos. (imagen El Tres)

El instinto de proteger a su hermana

El ataque se desencadenó en momentos en que Claudio acompañaba a su hermana a realizar la venta de unos teléfonos celulares, según contó, y no a buscar un viaje en remís, cómo trascendió en ese momento. Tras una espera de más de media hora dentro del automóvil, un delincuente los emboscó por la parte trasera exigiendo las pertenencias. Ante la negativa, el asaltante abrió fuego con un arma de calibre 9 milímetros.

En medio de las ráfagas, el instinto de Claudio fue interponer su propio cuerpo para resguardar a su familiar. "Lo que hice en el momento del primer disparo fue tratar de cubrir a mi hermana porque estaba al lado mío sentada. Yo sabía que si los impactos me pegaban a mí, tranquilamente traspasaban y le pegaban a ella porque era un arma de alto calibre", relató compungido.

El joven recibió impactos en la zona del cuello, la mejilla y el pecho, este último con una trayectoria milagrosa que desvió el proyectil hacia las costillas y el brazo, evitando tocar órganos sensibles como el corazón o pulmones.

El futuro entre la mecánica y los afectos

 

Aunque el temor lógico por la alarmante situación que viven los trabajadores del volante permanece latente, Claudio prefiere enfocarse en el enorme caudal de energía positiva que recibió en las últimas horas. Contó sorprendido que lo llamaron amigos de la infancia y compañeros de la escuela que no veía hacía años para ofrecerle su ayuda.

Mientras transita los días sin poder trabajar, lo que le genera una lógica preocupación económica, piensa en su otra gran pasión: la mecánica, actividad a la que también se dedica reparando vehículos propios, de vecinos y de colegas remiseros.

Su cumpleaños es el 24 de octubre, pero la fecha del ataque —el 3 de junio— quedará marcada para siempre en su calendario como un nuevo aniversario. Tal como le dijo el cirujano que lo operó antes de dejar el hospital, Claudio sabe que de ahora en más tendrá el privilegio de festejar su cumpleaños dos veces al año.