Muchos creen que esta obra maestra del siglo XIX, actualmente expuesta en una de las galerías más importantes de Europa, proporciona pruebas convincentes de que viajar en el tiempo es posible. La protagonista parece sostener un objeto que no debería existir hasta más de un siglo después. La pintura es "Die Erwartete" (La esperada), creada en 1860 por el maestro austríaco Ferdinand Georg Waldmüller. La obra cuelga en la Neue Pinakothek de Múnich, Alemania, y lleva más de 160 años fascinando a los visitantes.

En el lienzo se ve a un hombre escondido entre los árboles, alzando una pequeña flor rosa mientras espera. A pocos metros, una joven camina por un sendero de tierra bordeado de piedras, entre vides y colinas onduladas, completamente absorta. Hasta ahí, una escena bucólica típica del Romanticismo. El problema es el detalle: la mujer sostiene con ambas manos un objeto rectangular oscuro, lo mira hacia abajo y tiene los pulgares posicionados exactamente como si estuviera escribiendo, según publicó el medio británico The Mirror.

Desde la postura, el agarre y la mirada perdida, es idéntica a cualquier adolescente que hoy podrías cruzarte en la calle mirando Instagram. La teoría explotó alrededor de 2017, cuando visitantes del museo notaron el parecido y compartieron la imagen en redes. El posteo se volvió viral en cuestión de horas con la pregunta: ¿estamos frente a una viajera en el tiempo?.

El testimonio que lo cambió todo

Uno de los que más impulsó la historia fue Peter Russell, ex funcionario del ayuntamiento de Glasgow, quien se topó con la obra durante una visita a la galería.

En declaraciones a Vice, Russell explicó el fenómeno mejor que nadie: "Lo que más me sorprende es cómo un cambio en la tecnología modificó la interpretación de la pintura y, en cierto modo, potenció todo su contexto. El gran cambio es que en 1850 o 1860, todos y cada uno de los espectadores habrían identificado el objeto en el que la niña está absorta como un himnario o un libro de oraciones. Hoy en día, nadie podría dejar de ver el parecido con la escena de una adolescente absorta en las redes sociales en su teléfono inteligente".

Muchos observadores juran que el objeto guarda un parecido inquietante con un iPhone. El giro de trama: Apple no lanzó el primer iPhone hasta 2007. Incluso el primer dispositivo que se le acercó, el Nokia 9000 Communicator con teclado, recién apareció en 1996.

La verdad detrás del misterio

La realidad, como casi siempre, es más sencilla y a la vez más poética. La joven no lleva un smartphone. Lleva un libro. Un pequeño libro de oraciones o himnario, extremadamente común en la época para mujeres jóvenes que caminaban solas por el campo. El tamaño de bolsillo, que hoy alimenta la fantasía del celular, era justamente lo que los hacía portátiles en 1860.

Waldmüller, conocido por su obsesión con el detalle y la luz natural, quiso retratar precisamente eso: el momento íntimo de una lectura absorta, ajena al galán que la espera con una flor.

No es la primera vez

Este no es un caso aislado. El fenómeno del "anacronismo tecnológico" en el arte es recurrente. En 2016, el propio Tim Cook, CEO de Apple, afirmó haber visto un iPhone en una pintura de 350 años de antigüedad durante una visita al Rijksmuseum de Ámsterdam. La obra mostraba a un hombre sosteniendo un objeto rectangular mientras una mujer y un niño lo observaban con atención.

¿Prueba de viajes en el tiempo o de que la humanidad siempre ha estado fascinada por sostener algo entre las manos y mirar hacia abajo? Por ahora, la segunda opción parece ganar.