Astrónomos encontraron un planeta que es, al mismo tiempo, un océano y una condena a muerte. Se trata de HD 176071 b, un raro "mundo de agua caliente" ubicado a 335 años luz que tiene la mitad de su composición formada por agua. Orbita tan cerca de su sol que un año dura 14 horas y las fuerzas de marea lo empujan inexorablemente hacia su destrucción.

Un equipo internacional liderado por el investigador Sylvain N. Breton, del Instituto Nacional Italiano de Astrofísica (INAF), descubrió a HD 176071 b, un exoplaneta ubicado a unos 335 años luz de la Tierra que orbita extremadamente cerca de su estrella madre, HD 176071.

El planeta es un caso excepcional en varios sentidos. Tiene aproximadamente 2,5 veces el tamaño de la Tierra y 8,5 veces su masa, lo que indica a los científicos que está compuesto en un 50% de agua. Sin embargo, no es un mundo habitable: orbita a menos de 2,4 millones de kilómetros de su estrella -apenas el 1,6% de la distancia entre la Tierra y el Sol- y completa una vuelta en solo 14 horas.

Por esa cercanía extrema, HD 176071 b es clasificado como un "mundo de agua caliente", una categoría muy poco frecuente. Y esa misma proximidad es su sentencia.

Las fuerzas de marea extremas generadas por la atracción gravitatoria estelar están empujando al planeta hacia una evolución orbital rápida e inexorable. Su destino final, según los modelos, será un encuentro fatal: ser engullido violentamente por su propia estrella.

Un sobreviviente del Desierto Neptuniano

El hallazgo es además importante porque HD 176071 b habita en lo que los astrónomos llaman el "Desierto Neptuniano", una zona muy cercana a las estrellas donde hay una llamativa escasez de planetas del tamaño de Neptuno.

La teoría predominante sostiene que la intensa radiación estelar en esa región despoja a los planetas de sus capas gaseosas y los reduce. Pero este mundo acuático contradice esa hipótesis: a pesar de estar sometido a esa radiación extrema, conserva una atmósfera dinámica que no ha sido destruida.

"Al comparar los datos históricos del telescopio espacial Kepler con las nuevas observaciones del TESS (Transiting Exoplanet Survey Satellite) seis años después, notamos un cambio de fase inesperado en la modulación de la luz reflejada", explicó Breton en un comunicado.

"Esto nos indica que no estamos viendo una fotografía estática, sino una atmósfera viva y cambiante, en la que se forman, evolucionan y se desplazan nubes densas y altamente reflectantes a lo largo de los bordes más fríos del planeta", detalló.

Un descubrimiento sin tránsito

La forma en que fue hallado también lo hace especial. De los más de 6.000 exoplanetas confirmados por la Nasa, la gran mayoría fue descubierta por el método de tránsito: cuando el planeta pasa por delante de su estrella y provoca una pequeña disminución en su brillo visto desde la Tierra.

HD 176071 b no hace eso. Nunca cruza por delante de su estrella desde nuestra perspectiva, lo que lo vuelve prácticamente invisible con las técnicas tradicionales. "La gran mayoría de los planetas en el universo nunca transitan frente a su estrella desde la perspectiva de la Tierra, lo que los hace prácticamente invisibles", señaló Breton.

Para superarlo, el equipo utilizó otra estrategia: medir las minúsculas fluctuaciones en el brillo causadas por la reflexión de la luz estelar en el planeta. Como HD 176071 b está en rotación sincrónica -tiene una cara diurna permanente hacia su estrella y una cara nocturna perpetua hacia el espacio-, el brillo que vemos cambia según qué cara nos muestra. A veces vemos su lado oscuro y a veces su lado iluminado.

"Gracias al conjunto de datos adquirido con el instrumento HARPS-N del Telescopio Nacional Galileo, hemos logrado superar este obstáculo geométrico: al medir con extrema precisión cómo varía la luz reflejada por el planeta a lo largo de su órbita, no solo podemos detectar estos mundos esquivos, sino también comenzar a caracterizar su estructura y atmósfera, abriendo una ventana fundamental a poblaciones planetarias previamente casi inaccesibles", concluyó el investigador.

El estudio, publicado el martes 25 de agosto en la revista Astronomy & Astrophysics, demuestra que la astronomía actual ya puede caracterizar la atmósfera y la estructura interna de mundos que no transitan, un avance clave para explorar la inmensa mayoría de planetas que hasta ahora permanecían ocultos.