La Nasa trabaja en su próximo gran telescopio espacial: el observatorio de mundos habitables. Su objetivo es algo inédito hasta ahora, obtener imágenes directas de planetas parecidos a la Tierra alrededor de estrellas cercanas y analizar su atmósfera en busca de señales de vida. 

Según publicó el sitio especializado Space.com, aunque falta para su lanzamiento, un nuevo estudio en el servidor arXiv ya define una de las decisiones clave del diseño: qué tan fino debe “cortar” la luz para no confundir un mundo vivo con uno muerto.

La resolución espectral, es decir, la capacidad del telescopio para distinguir entre colores de luz muy cercanos, es el centro del debate. Más resolución da una huella atmosférica más detallada, pero exige exposiciones más largas, genera más ruido y complica la ingeniería. Si se pide poco, el telescopio no podrá diferenciar un planeta habitado de uno estéril.

     

Para calcular ese límite, los investigadores simularon qué vería el Observatorio si apuntara a versiones de la Tierra en distintas épocas geológicas. La Tierra Arcaica casi no tenía oxígeno, la Proterozoica tenía muy poco y la Fanerozoica, la actual, llegó al 20% cuando apareció la vida compleja. Cada una deja una marca distinta en la luz.

Los números que obtuvieron son concretos, para detectar oxígeno molecular, la biofirma clásica, hace falta una resolución en luz visible de unos 140. El ozono se ve con mucho menos, alrededor de 7 en ultravioleta. En el infrarrojo el problema es otro. El dióxido de carbono y el monóxido de carbono tienen firmas superpuestas, y sin separarlas bien se podría confundir un planeta volcánico muerto con uno vivo. El mínimo para evitarlo es una resolución de 40 en el infrarrojo cercano, aunque recomiendan apuntar a 70 para cubrir toda la historia de la Tierra.

Llegaron a esas cifras generando observaciones sintéticas del telescopio con resoluciones de 20 a 5000 y probando qué información se podía recuperar de cada espectro, considerando ruido, tiempos de exposición y señales que descartarían vida. También hay límites técnicos. La “corriente oscura” de los detectores, ese zumbido eléctrico que aparece incluso sin luz, marca un piso. Para mejorar la detección de oxígeno habría que reducirla diez veces. Y si se quiere más resolución, el tiempo para detectar vapor de agua se duplica.

Los autores advierten que sus tiempos de exposición pueden variar un 20% y recuerdan lo más importante: hallar oxígeno, ozono, metano y agua en un exoplaneta no equivale a confirmar vida. El universo tiene formas no biológicas de producir esos gases. El trabajo del Observatorio será encontrar los candidatos que valga la pena estudiar en detalle.

El estudio dejó un objetivo claro para los ingenieros, la resolución de 140 en visible, 7 en ultravioleta y 70 en infrarrojo cercano, con una corriente oscura lo bastante baja como para que detectar oxígeno sea rutinario. Con esas especificaciones, el telescopio podría, en teoría, hallar indicios de vida en otro mundo. Ahora solo falta construirlo.