Perú cerró una intensa jornada democrática para definir a su próximo presidente en un contexto de absoluta incertidumbre. Mientras se daban a conocer los primeros cómputos, las autoridades electorales e integrantes de los diferentes partidos políticos hacían un llamado a la prudencia frente a un escrutinio que avanzaba con lentitud.
De acuerdo con el primer reporte de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), con el 12,99% de las actas procesadas, la derechista Keiko Fujimori (Fuerza Popular) lideraba el conteo con el 52,49% de los votos válidos (1.336.761 sufragios).
Por su parte, el candidato izquierdista Roberto Sánchez (Juntos por el Perú) la escoltaba con el 47.50% (1.209.597 votos), lo que marcaba una diferencia inicial de 127.164 voluntades a favor de la postulante de Fuerza Popular.
Ante los datos preliminares y los sondeos previos de boca de urna que ya anticipaban un escenario de empate técnico, Sánchez se mostró cauto y afirmó que "nadie puede decir 'ya gané'". El referente de izquierda recordaba que en procesos electorales anteriores las encuestas iniciales favorecían a Fujimori, pero el resultado terminaba revirtiéndose en el conteo final con el ingreso del voto rural y del interior profundo.
La carga de datos de las provincias periféricas y el voto extranjero comenzaba a registrarse lentamente en el sistema informático, en una definición que prometía extenderse hasta altas horas de la madrugada debido al estrecho margen que separaba a ambos candidatos.