Durante una excavación preventiva en Reinstedt, Alemania, previa a la instalación de aerogeneradores, un equipo de arqueólogos encontró una anomalía: un túnel medieval estrecho y perfectamente conservado, construido aprovechando la estructura de un monumento funerario de la cultura de Baalberge, del IV milenio a.C. Dentro del pasadizo aparecieron restos de animales, una herradura, carbón y detalles arquitectónicos que confirman que fue planificado. El caso sugiere que el túmulo neolítico seguía siendo un lugar significativo para la gente del Medioevo.
Todo empezó como un estudio de la cultura de Baalberge, una sociedad del Neolítico Medio que habitó la región hace unos 6.000 años. Los arqueólogos identificaron un foso trapezoidal típico de sus monumentos funerarios. Pero al seguir cavando, apareció algo que no encajaba: un túnel estrecho, bajo, con paredes estables y sin derrumbes. Era un erdstall, una construcción característica de la Europa Central medieval, según publicó el sitio de la National Geographic.
El pasadizo tiene apenas un metro de alto y entre 50 y 70 centímetros de ancho. Serpentea bajo tierra siguiendo el trazado del antiguo foso neolítico, como si quien lo excavó hubiera usado la estructura prehistórica a propósito. El estado de conservación es excepcional.
Dentro del túnel, el equipo recuperó varias pistas. Aparecieron huesos de pequeños animales y el esqueleto completo de un zorro. También una herradura medieval, una capa de carbón que indica uso de fuego o antorchas, una hornacina tallada en la pared y un pequeño escalón. Nada de eso es casual: el túnel fue diseñado y ejecutado con intención.
El término alemán Erdstall significa "establo de tierra", aunque los arqueólogos coinciden en que no eran viviendas. Su tamaño los hace incómodos para vivir. Las hipótesis principales los describen como refugios temporales durante guerras o incursiones, espacios rituales para cultos o depósitos simbólicos, y en menor medida como almacenes, algo que la falta de ventilación pone en duda.
Para los investigadores, lo más relevante no es solo el túnel, sino dónde está. Que haya sido excavado deliberadamente dentro del foso neolítico indica que, 5.000 años después de su construcción, el túmulo seguía siendo visible o mantenía un valor especial para las comunidades medievales. El paisaje tenía memoria.
El hallazgo se produjo durante trabajos preventivos antes de instalar aerogeneradores en la zona. Ese tipo de excavaciones, obligatorias por ley, suelen revelar sitios que de otro modo permanecerían ocultos. El erdstall de Reinstedt suma un nuevo caso al debate sobre estos pasadizos. Hay cientos documentados en Alemania, Austria y República Checa, pero su función sigue sin consenso. Este, además, aporta una dimensión temporal: un mismo lugar usado con miles de años de diferencia, por culturas que no compartían ni idioma, ni tecnología, ni religión, pero sí la elección del sitio.
Los trabajos continúan para datar con precisión el túnel y analizar si hay más estructuras asociadas. Por ahora, Reinstedt ofrece una cápsula del tiempo doble: una tumba del Neolítico y, justo encima, un secreto medieval que esperó siglos bajo tierra.