Una semana atrás, Dolly Edith Viale de Garrido escuchó, con sus 88 años, una imputación judicial en su contra. La fiscal Soledad García le reprochó en audiencia un hecho de supresión de identidad, pero el caso no sería el único. Su particular nombre es conocido entre las personas que buscan sus orígenes biológicos: es que la mujer fue partera durante muchos años en el Hospital Roque Sáenz Peña. La investigación judicial sostiene que, de manera sistemática entre 1968 y 1980, separaba bebés de sus madres biológicas y los entregaba por dinero.
Aunque la denuncia, que también alcanza a su hermana Silvia y que originó la investigación, fue radicada ante la Unidad Fiscal Rosario el 15 de abril pasado por una mujer llamada Carmen Quiroga –cuyo caso se ventiló en la audiencia– hay al menos cinco víctimas más que denunciaron tener suprimida su identidad en manos de la partera de zona sur.
Una de ellas es su propia hija, Silvina Garrido de 58 años, quien a los 15 escuchó de la boca de Dolly que no era su madre biológica. Otra de las denunciantes es Ángeles Camarasa, de 47 años. Demandó a la partera por alterar su certificado de nacimiento. Ambas contaron sus adversas y fatídicas historias a Rosario3. Dos relatos unidos por el trauma del desconocimiento y la mentira sobre sus orígenes y el denominador común de haber sido criadas por mujeres incapaces de sortear el férreo mandato social de la maternidad que por esa época era aún más imponente que en la actualidad.
Luz a la oscuridad
Silvina Garrido fue criada por Viale en su casa familiar ubicada en Lamadrid y Leiva, en la zona sur de Rosario. Hasta los 15 años vivió como hija del matrimonio y hermana mayor de dos varones. “Ella misma fue la encargada de decirme que era hija adoptiva”, comenzó su relato. “Era 1983 y con el diario del lunes, entiendo que le fue conveniente abrir el paraguas antes de que yo me enterara por otros. Ella actuó muy vinculada a los militares y cuando empezó la democracia, se quedó sin protección. Me lo dijo para cubrirse la espalda”, consideró.
La confesión, de acuerdo a Silvina, vino a cuento de un enojo suyo porque no la dejaban ir a una fiesta. Subió a su habitación y su madre la siguió. “Esta señora me dijo que teníamos que hablar y yo pensé que me iba a retar, pero no. Quería hablar conmigo, dijo que se había demorado muchos años en decirme la verdad: que no me tuvo en la panza, pero me tuvo en su corazón”, recordó. Desde ese momento, sintió que “se abría la tierra en dos y yo no sabía de qué lado estaba”. Encima, Dolly le sugirió no contarle ese secreto a nadie y, de acuerdo a lo que manifestó, esta situación le generó una depresión. “Ella me llevó un psiquiatra y me quisieron medicar, también me quería internar en un psiquiátrico”, confió.
A pesar de ello, encaró una búsqueda entre sus conocidos e incluso, fue a hospitales pero no consiguió ningún dato sobre sus padres biológicos: “Quería saber sobre mis raíces, sobre mi sangre pero, nunca encontré nada”, lamentó. La partera le contó que era adoptada, pero no que había sido comprada y ante sus preguntas, e incluso la de sus hermanos, Dolly “nunca soltó ningún tipo de información, sino mentiras”.
Más allá de la confesión, Silvina aseguró que jamás se llevaron bien con madre. “Me hizo cosas terribles, nunca me quiso, nunca pudimos tener una relación cordial, es muy manipuladora y fría. Cuando era chica eran cinco besos en el año”, describió. De acuerdo a lo que expuso, al morir su padre y esposo de Viale, la echó de la vivienda junto a su pequeño hijo, situación que derivó en un juicio.
La casita del terror
Pero mucho antes de ese episodio, durante su infancia y adolescencia, la mujer fue testigo del accionar turbio de su mamá, según recordó. “Viví muchas cosas en esa casa”, reveló en referencia al inmueble de zona sur que tenía dos plantas y en cuya parte inferior, la partera atendía a sus pacientes. "Por ejemplo, el tema de los militares que cuando se les complicaba algún parto en el Batallón 121 la venían a buscar a toda hora. Yo recuerdo haber atendido militares que buscaban a Dolly. Yo tendría 10 años más o menos”, precisó y aclaró que los bebés que supuestamente comercializaba no eran hijos o hijas de secuestrados en dictadura. “Los militares cuando se apropiaban de una criatura se lo repartían entre ellos como al mejor postor. A Dolly a cambio de sus servicios le brindaban protección y la dejaban libremente hacer lo que hacía: abortos y venta de chicos”, apuntó.
“Los abortos son incomprobables, pero he vivido toda mi vida con el timbre y el teléfono en mi casa que nos volvían locos todo el tiempo. Después, nacimientos en mi casa. Aunque no he visto ningún bebé, sí he escuchado llorar a la madrugada”, continuó y sorprendió: “En esa época se usaba poner avisos en el diario y ella ponía «Si estás embarazada, no tenés trabajo, te ofrezco casa, comida, trabajo y salario». Y después se quedaba con los chicos”.
Silvina rememora el paso de “más de 20 embarazadas que venían a hacer la limpieza y cuando estaban avanzados sus embarazados no las veíamos más de un día para otro. ¿Qué les pasaba? ¿Y los bebés?”, se preguntó.
Mucha de esta información compartió con otros hijos e hijas que, buscando a sus padres biológicos, dieron con el nombre de Dolly y ante su silencio, recurrieron a ella. Así fue como se hizo parte del “cardumen de buscadores de identidad” junto a Sandra Solsona, Ángeles Camarasa, Andrés Gómez y Roberto Fargioni, quien fue el primero en contactarse con ella “y el primero que denuncia a esta señora”.
“Yo nunca tuve problemas de prestar ayuda. En verdad, la ilusión de todas esas personas es encontrar sus orígenes biológicos a través de esta mujer pero no va a pasar porque para ella todas estas personas eran un signo pesos o un número. No hay nada registrado porque lo hacía todo en negro, era un delito”, observó y anunció que está preparada para dar su testimonio ante la Justicia cuando se lo requiera.
“Espero que ella pague sus últimos años en la oscuridad, ahí donde llevó a tantas personas. Quiero tener una luz en el camino de Justicia, aunque sé que nunca va a decir la verdad de lo que pasó, ni a mí ni a nadie”, expresó.
Madre por obligación
¿Por qué Dolly se habría apropiado de Silvina? La mujer ha ido elaborando algunas respuestas a los enigmas sembrados en su vida. “Yo creo que su vida pasaba por su esposo y le tenía que dar hijos. Cuando ella me trae a mí, ya había perdido cinco embarazos y después de mí pudo quedar embarazada de mis dos hermanos”, indicó.
Para la mujer, su mamá de crianza buscó complacer los deseos de su esposo que quería ser padre, pero sobre todo, los de su propia madre, la abuela de Silvina, de quien afirmó “le manejaba todo a Dolly”.
María de los Ángeles Camarasa también da cuenta de una abuela conservadora e imponente. A sus 47 años, la también denunciante de Viale de Garrido por sustracción de identidad, contó que lleva ese nombre por la madre de su padre de crianza, quien presionaba a su mamá adoptiva de que diera sus frutos. “Me llamo igual que mi abuela, que me imagino fue un poco la que inició esta movida”, se presentó.
“Sé que mi mamá y mi papá no podían tener hijos. Y mi abuela quería un nieto y era una persona que podía ser muy insistente. Por parientes cercanos me enteré que mi mamá iba a ahogar sus penas, que ella lloraba mucho porque se sentía presionada porque no podía ser madre”, agregó sobre los motivos que habrían llevado a sus padres a recurrir a Dolly, a apropiarse de una criatura y falsificar su acta de nacimiento.
Lo mismo, a unas cuadras y algunos años después
Ángeles nació en noviembre de 1978 y vivió con sus padres en inmediaciones de San Martín y Uriburu como hija única. “Yo siempre me pensé como hija natural y me sentía muy querida. Solamente tengo pequeños momentos donde he hecho planteos de que por qué no tenía un hermano, o sentir una cuestión de rechazo de piel con mi mamá, pero nunca dudas específicas de haber sido adoptada”, relató.
También al igual que Silvina, se enteró que era “adoptada” por parte de su madre, aunque Ángeles ya tenía unos 35 años. "Tuve la sensación física de un tetris, cuando se acomodan las piezas”, graficó. Su mamá se lo confesó a su novio un día que estaba en su casa recuperándose de una quebradura. “Mi pareja me dijo «Vamos a sacar al perro» y cuando salimos «tu mamá dice que sos adoptada». Todo esto fue en medio de la calle”, precisó. Enseguida llamó por telefóno a dos personas muy cercanas a ella y a su madre, que le confirmaron la novedad.
El primer paso fue ir a Abuelas de Plaza de Mayo en donde descartaron que sea hija de desaparecidos. “Ahí empecé un derrotero bastante difícil porque todo era un sin sentido de teorías locas. Yo fui por todas porque cuando te digo que no tenía una pista es que no tenía una pista. Entonces, era darme contra una pared una y otra vez, en un viaje emocional total porque aunque no quisiese, me hacía ilusiones. Tal era así que hacía pausas de dos años en el medio, me volvía armar y volvía a intentar”, detalló sobre el proceso de búsqueda de sus orígenes.
El nombre de Dolly Viale de Garrido en su acta de nacimiento la llevó a contactarse con los otros buscadores y creer que fue vendida por la partera a sus criadores. También fue Roberto el primer eslabón de una cadena de historias increíbles que hoy conforman la investigación judicial en marcha. “Sé más o menos lo mismo que sabemos todos, que el modus operandi de Dolly era contactarse con una madre joven, que no quería o podía tener a la criatura, o bien, se la engañaba y le decían que el bebé había muerto”, manifestó.
Sobre su propia identidad, en cambio, lo desconoce todo. “Yo me imagino que mi mamá fue una chica humilde que no podía criarme”, consideró y a pesar que confía que la difusión del juicio puede abrir puertas, descree en la posibilidad que la imputada testifique. “Hace solo un par de días me la crucé de casualidad y vi que es muy anciana, aunque está perfecta.Tremendamente lúcida. Pero no quiso declarar, tampoco creo que se acuerde tanto, aunque sí debe saber de dónde viene su hija”, analizó sobre el origen de Silvina.
De cara al juicio, Ángeles expresó: “Buscamos que se sepa lo sucedido y se haga algo de justicia. Sabemos que es una mujer grande que nunca va a pagar por todo el daño que hizo. Y no solo a nosotros sino a las madres que hoy no saben que sus hijos están vivos”, remarcó.
Por último, confesó su deseo más íntimo: “Me gustaría mucho conocer de dónde vengo y, sobre todo, yo pienso mucho en mi madre. Quisiera poder decirle que estoy viva y que a pesar de todo, estoy bien y he tenido una buena vida”, cerró.